lunes, 28 de septiembre de 2020

«La cápsula del tiempo»

 Nuevamente nos cede un relato Nina Peña, como siempre, entrañable.

Lleva años en el armario. Ha sobrevivido al paso del tiempo, a dos mudanzas, tres rupturas y a la curiosidad de mis gatos. Se mantiene cerrada, con el mismo precinto de celo que ella puso, amarilleado por los años. Con los bordes despegados y llenos de una finísima línea de polvo. El cartón casi gris y de un grueso gramaje delata la edad y la época a la que pertenece. Una época en que las cosas se hacían para que duraran, para que resistieran, para que perduraran toda una vida si era necesario. Las tirabas por cansancio de verlas, pero no porque se hubieran roto o dejaran de cumplir su función primordial.

Este recipiente que pasa desapercibido entre los trastos guardados, olvidado casi, había vuelto a mí en sueños. Prometí no abrirlo. Lo sé. Prometí atesorarlo durante los años que fueran necesarios, sin embargo, cuatro noches seguidas soñando con ella me tentaban a desobedecer e incumplir con ese pacto sagrado.

¿Qué narices hay en esa caja? ¿Por qué no puedo abrirla? ¿No han pasado suficiente tiempo ya? Cuarenta años deberían ser suficientes para casi todo, creo. Nada de lo que pueda contener podrá hacerme daño ni podrá producirme una inmensa alegría. Como mucho, me quedaré decepcionada ante su contenido porque ¿Qué puede ser lo que la abuela, en aquella época, puso en una caja, en una tabaquera antigua hurtada del desván?

Mi hermana y mis primas están delante de mí con la misma cara que yo. Con la misma duda e incertidumbre.

– ¿La abrimos ya?– me preguntan, como si yo tuviera la respuesta. Han acudido rápidas a mi grito de socorro. Las llamé para decirles que ya era hora de desvelar tanto secreto, que ya no teníamos edad de tonterías, que la dichosa caja y la voz de mi abuela me estaban torturando en sueños desde el altillo y desde el más allá.

Han hecho café y se han sentado frente a mí examinando el objeto de nuestro encuentro como quien observa un trozo de piedra espacial, sin creerse que eso haya venido de otro mundo, de otro instante, de otra dimensión.

La tengo en la mano y la miro centímetro a centímetro. Recuerdo la mañana de otoño en que hicimos el extraño trato. En la buhardilla, atestada de bultos peregrinos y donde flotaba una especie de nebulosa formada por el polvo en suspensión, el rayito de sol oblicuo que entraba por la pequeña ventana de celosía y los fantasmas del pasado inmediato. Muebles tapados con sábanas amarillas, espejos cuarteados por el tiempo, un globo del mundo y sillas desvencijadas en donde anidaban pequeños ratones blancos que en la noche corrían por las vigas de mobila, eran un magnifico tesoro para nuestra imaginación.

 

Fotos ambarinas de soldados con gorra de plato y mujeres con mantilla en el pelo. Cartas de amor y soledad que leíamos intentando saber quién de nuestros antepasados las había escrito. ¿La abuela, quizás? Un enorme rosario de cuentas negras y grandes colgaba de un perchero carcomido por las termitas en donde se echaba de menos uno de sus brazos. En un baúl había un vestido de novia envuelto en papel vegetal del que se desprendía un terrible olor a naftalina. En un cofre, se amontonaban billetes fuera de circulación que alguna vez tuvieron valor. Éramos unas mocobobas (mocosas atontadas) de apenas ocho años.

Desde el recuerdo vuelvo a escuchar la tos de mi abuelo y la voz de Antonio Machín surgiendo entre las nebulosas ondas de una radio vieja, llena de interferencias. De vez en cuando mi madre cantaba una estrofa suelta mientras hacia el sofrito de la paella del domingo. La voz de mi tía también llegaba con una claridad diáfana hasta aquel altillo donde jugábamos a contar historias de miedo y a imaginar un pasado perfecto que jamás lo fue.

Nos hizo prometer que no la abriríamos hasta que fuéramos mayores y me la entregó con un aspaviento ceremonioso que todavía conservo en la memoria. Un gesto con el que ratificaba mi poder de prima mayor.

– Es imposible no recordar – dice mi prima con una sonrisa triste. Es imposible no recordar. La niñez, las personas que ya se fueron, los momentos compartidos, los instantes de una vida ya lejana que pocas veces nos permitimos revivir. Los sabores de aquel entonces. Los platos de membrillo en otoño, de rosas en verano, de lluvia en invierno. Las mañanas de primavera en que dormíamos las primas juntas en una enorme cama y nos despertaban las campanas de la iglesia cercana. El aroma de las sábanas delataba su blancura. El peso de las frazadas su edad de confección. El sol se asomaba perezosamente y nos quedábamos charlando sin prisa, contándonos historias imaginadas o soñadas la noche anterior, mentiras inocentes y verdades inexplicables a nuestros ojos de niñas. La voz de mi abuela llegaba desde las escaleras llamándonos para desayunar.

– Ábrela ya – me ordenan mientras yo ya estoy quitando el precinto amarillo.

Cuatro fotos viejas descansaban en el fondo. En ellas las niñas que fuimos rodeábamos a la abuela en unas fiestas de agosto, disfrazadas con tules y cintas de colores que se veían sepias en la imagen. La memoria trajo hasta nosotras aquella tarde calurosa, aquellos días de playa, el olor de la higuera en plena culminación, el del jardín donde corríamos a escondernos y donde, alguna vez, escribimos poemas bajo un sauce llorón, arropadas entre sus ramas. La emoción de la perpetuidad en días eternos. La fragancia de los campos de naranjos al atardecer bajo un sol violeta y unas nubes que oscurecían el poniente. La vitalidad y de aquellos instantes en que el mundo era, todavía, una promesa.

En el reverso, tras nuestros respectivos nombres, la letra puntiaguda de la abuela nos hablaba con una voz que ya no podemos recordar. «El mejor regalo son los recuerdos, espero que me estéis recordando ahora. Las cuatro juntas. Os querré siempre. Vuestra abuela».

Nina Peña




lunes, 21 de septiembre de 2020

OTOÑO

Mañana comienza el otoño y hemos elegido este bello poema de Ángeles Colmenar Toribio.


De sangre y oro
se teñirá el otoño.
Del sol que olvida
y el rojo de la leña.

Se dormirán las tardes
por los senderos solos
y volarán las aves,
más cerca de la tierra.

Se dejará robar las hojas
el roble en la mañana
y cubrirá de ocres
el camino del agua.

El río entre las piedras
no recuerda el verano,
y corre como un niño
que sale de la escuela.

La lluvia se desliza
entre el rebelde verde,
que permanece siempre
aunque el otoño llega.

Y tú serás el viento
y yo seré ceniza
y seguirás llegando
aunque yo, no te viva...

Ángeles Colmenar Toribio




lunes, 14 de septiembre de 2020

¡No quiero ser mayor!


Hoy os traemos un relato de Pilar Muñoz.
Si queréis conocer mejor a esta gran escritora y su obra, podéis entrar en su blog .



«Mami dice que voy a crecer, que me voy a hacer mayor. Pero yo no quiero, porque no sabré ser un adulto, eso no lo enseñan en el cole. Mamá dice que sí, pero, claro, como ella ya hace tiempo que fue al suyo, no se acuerda. En Lengua no te enseñan a mentir, ¿sabes?, ni cómo hay que hacer para engañar sin que te pillen. Los viernes, en Educación Física, aprendemos a correr para ser más rápidos; pero el profe no te explica cómo tienes que poner las zancadillas para conseguir ser el primero. En «Cono» cuidamos de los animales y las plantas, pero creo que eso se olvida al pasar al instituto y en mates aprendemos a hacer la división para repartir bien los caramelos, pero los adultos no la usan, yo solo los veo multiplicar. También nos dicen que en el patio tenemos que estar todos juntos a la hora de jugar, pero los adultos siempre están con los grupitos, y cuando llega alguien que no les gusta, le dan la espalda y cuchichean, que no soy tonto y los he visto yo. Creo que cuando ellos estudiaron, eso del compañerismo no se daba, y mira que dice la seño que es muy importante; aunque sí aprendieron bien todo eso del interés, se lo escuché decir a Chema, pero eso se da más adelante, en Economía o no sé. Tampoco damos Teatro y le he oído decir a mi madre que la gente tiene mucho...

Yo no quiero celebrar mi cumple, se lo he dicho a ella y no lo entiende.

¡Pero es que yo no quiero ser mayor!». 

Pilar Muñoz Álamo




lunes, 7 de septiembre de 2020

"Queridos profes"


Con el inicio del curso escolar, vuelven al blog los relatos de los lunes.

Este primer lunes nos cede un relato María José Moreno. Si queréis conocer la obra de esta gran autora, podéis visitar su blog «Lugar de Encuentro»


Queridos profes

El sol cae como una pelota y luna hace su tímida aparición entre las espesas nubes. La clase, iluminada durante el día por las sonrisas infantiles se llena de sombras. El olor a chicle de fresa es sustituido por un enrarecido ambiente en el que predomina el olor a ventana cerrada, polvo de tiza y niño cansado.

El abecedario, que con tanto primor había escrito la maestra a principio de curso, permanece en la pizarra. Al dar las doce el reloj del campanario las letras del abecedario se agitan en convulsos movimientos hasta que caen al suelo como si fueran copos de nieve. Tras unos instantes de perplejidad, se oye la voz chillona y firme de la panzuda b que se ha atribuido el mando, por aquello de que es la primera consonante.

—¡Firmes! Las vocales a un lado y las consonantes a otro. Dos filas y marchando a buen ritmo —ordena.

Las vocales, dispuestas siempre, acatan la orden con celeridad; las consonantes no tanto. Discuten entre ellas y remolonean, no les gusta que les manden y, menos, una igual. Al final, consienten, e inician el desfile, ante la sorprendida o y la risueña u, que las mira con descaro.

La l y la ll, espigadas y orgullosas; la n, andando rápido para pillar a la m; la q, que renquea de una pierna, se apoya en la p que cojea de la contraría, formando un buen tándem y la s se contonea como una chica con tacones altos.

Una tras otra enfilan hacia el tercer pupitre de la derecha, ahí es el lugar de encuentro, el cuaderno de Mateo. Cuando llegan, cada una de ellas realiza su cometido. Primero se mezclan, luego se agrupan en palabras y a la orden de: ¡Ya!, todas comienzan a  dejar su impronta ayudadas por el mordisqueado lápiz, su fiel amigo.

Antes de que sol aparezca, el trabajo está realizado y las letras regresan a su lugar de descanso. Esto lo hacen siempre que hay alguna tarea para realizar en casa.

Mateo no puede llevarse el cuaderno. Cuando su padre llega de la taberna, harto de vino, siempre la toma con él. Si, además, lo ve haciendo tareas lo llama sabiondo y se ríe de él. En más de una ocasión, cuando lo ha visto estudiando le ha roto los libros y el cuaderno. Desde entonces prefiere dejar todo en la clase.

A las nueve de la mañana la algarabía vuelve a colmar el aula. Mateo corre nervioso hasta su pupitre, lo abre y mira el cuaderno. Allí está, la tarea hecha. Sonríe y da gracias a Dios. No sabe cómo ocurre, debe ser cosa de los ángeles o de algún duende que lo cuida.

Las palabras de Rosa, su profesora, lo sacan de su ensimismamiento.

—¡Venga, niños! Vamos a ver las tareas que os mandé ayer.

Mateo obedece.

—Muy bien, Mateo, tienes una letra preciosa —le dice Rosa cuando pasa a su lado mientras le guiña un ojo.

—Se parece mucho a la de usted, profesora —susurra, Dani, el compañero de pupitre de Mateo.

—Que va, esta es menos redonda —dice Rosa, negando con la cabeza mientras se dirige al final de la clase

Mateo se queda pensando en las palabras de Dani, pero cuando mira hacia la pizarra ve cómo la ñ se quita el sombrerito y lo saluda. Entonces, sacude la cabeza, cierra los ojos y los vuelve a abrir. No es la ñ, es Rosa la que lo mira fijamente mientras habla y la que lo premia con una enorme sonrisa.

El niño coge el lápiz y comienza a escribir, es tan feliz en el colegio que se le olvida todo. Aún quedan muchas horas hasta regresar a casa.



viernes, 28 de agosto de 2020

EL INFILTRADO. La puerta del cielo

Estamos ante una novela de ocultismo, un trhiller sobrenatural, que ha supuesto un experimento para su autor, que ha querido publicarla bajo pseudónimo, por ser muy diferente a su trayectoria.

¿Quién es M.S.Quebec?. Solo puedo deciros que su prosa es buenísima, firme con el nombre que firme.


EL INFILTRADO. La puerta del cielo

En Arlodia, un pueblo tranquilo de algún lugar perdido en Centro Europa, han convivido durante siglos con las almas de los recién fallecidos antes de que emprendan su último viaje y crucen la Puerta del Cielo. Es un lugar tranquilo, donde la vida y la muerte conviven en paz y sus habitantes cumplen un importante papel en el equilibrio de fuerzas entre el Bien y el Mal.
Pero la apacible existencia de los lugareños se va a ver alterada por la llegada de un misterioso y encantador viajero que los enfrentará a situaciones desconocidas y pondrá a prueba su esencia más profunda.

Una intrigante trama dónde los dilemas morales se mezclan con lo sobrenatural y el thriller. ¿Seríamos los mismos si nuestras circunstancias hubieran sido otras?


Mi opinión:

No soy lectora de historias fantásticas, pero esta me ha cautivado desde la primera página. He paseado por Arlodia y los bosques que la rodean, he conversado con sus habitantes y me he encariñado con ellos. Esto ha sido así, porque las descripciones de paisajes, lugares y personajes, son magníficos, todos tienen su voz, y a todos llegamos a conocerlos perfectamente por insignificante que parezca su historia dentro de la trama.

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En cuanto al fondo del argumento, no es solo un thriller sobrenatural, como dice la sinopsis, es una reflexión filosófica, amablemente llevada, sobre el bien y el mal, esa dicotomía que radica en cada uno de nosotros, y la posibilidad de ser y actuar, de una u otra manera, dependiendo de nuestras decisiones y del ambiente que en el que vivimos.


Aborda la muerte con una sencillez que nos hace olvidar nuestra ideología al respecto, asumimos lo que se plantea en la novela, sin ir más allá, lo que sucede en Arlodia, se queda en Arlodia y, cuando leamos la última línea, volveremos a nuestras creencias pero sin olvidar que todo puede cambiar en cualquier momento.


El ritmo de lectura es muy rápido, otro de los aciertos del autor, que no se entretiene en descripciones innecesarias y el giro argumental de las últimas líneas, suficiente para cerrar un final redondo.

El matrimonio compuesto por Gabriela y Albert Narden, me ha encantado y la dulzura de una conversación que mantienen en el dormitorio, se me ha quedado grabada.

Una lectura muy recomendable, en la que nada es lo que parece... o sí.

Almudena Gutiérrez



viernes, 21 de agosto de 2020

Pueblo sin rey de Olalla García


Seguimos con las novedades.


Nuestra amiga y colaboradora Olalla García, publica nuevo libro: Pueblo sin rey, editado por Ediciones B, que saldrá a la venta el próximo 17 de septiembre.

Olalla García nació en Madrid. Durante su infancia vivió además en Castellón, Alcázar de San Juan y Cartagena, antes de que su familia se instalara en Alcalá de Henares. Las sucesivas mudanzas le inspiraron el deseo de seguir descubriendo nuevos lugares y costumbres, pero también le ofrecieron la cualidad de valorar lo ya conocido.

Tras terminar sus estudios de Historia retomó el hábito de los traslados, esta vez a través de Europa. Ha vivido en Nottingham, Bolonia, París, Rávena, Estrasburgo y Dresde. Cada lugar le ha dejado su propia marca, la ha ayudado a atesorar vivencias, a descubrir más sobre la alteridad y sobre sí misma, y a confrontar experiencias.

Cuando está en casa le gusta: beber té, escuchar ópera, leer libros de historia y devorar buenas novelas. También le gusta pasear por el campo y recorrer el casco antiguo de una ciudad. Lo primero oxigena, lo segundo inspira: cada calle es una página del pasado que sigue escribiéndose en el presente.   

Aprender lenguas es otra de sus grandes aficiones; de hecho, son imprescindibles para comprender bien la Historia, sobre todo la más antigua. Habla con fluidez cinco idiomas, además de haber estudiado varias lenguas muertas, tanto clásicas como propias de las culturas de Próximo y Medio Oriente. Esto le ha permitido documentar sus novelas acudiendo a las fuentes originales de la Antigüedad, así como revisando las publicaciones de los mejores especialistas contemporáneos.
Ha publicado Ardashir, rey de Persia, Las puertas de seda, El jardín de Hipatía, Rito de paso, En tierra de nadie y El taller de libros prohibidos.

PUEBLO SIN REY

Un pueblo que se siente soberano.

Un reino dividido en dos.

Un gran fresco literario sobre la rebelión de los Comuneros.

Año 1520. Mientras Carlos I se dirige a Alemania para ser coronado emperador, el pueblo castellano se alza en comunidad, reclamando más poder frente al rey y dando comienzo a la Guerra de las Comunidades de Castilla.

Todo el reino se ve envuelto en este feroz conflicto. Guadalajara es el bastión de la Corona en la Castilla del Sur, mientras que Madrid y Toledo son las principales ciudades del bando de los comuneros. En Alcalá de Henares, situada en el núcleo del conflicto, se generarán graves tensiones.
Las vivencias de dos familias vecinas nos guían entre las turbulencias de un momento lleno de peligros: choques militares, espionaje, intrigas políticas, traiciones... Por estas páginas desfilan hombres y mujeres, nobles y plebeyos, oficiales y soldados, religiosos y artesanos: a través de ellos viviremos las esperanzas y temores de una época emocionante y convulsa. Esta es la historia de un conflicto que dividió a un reino en dos. En un lado quedaron los que vestían la cruz blanca y apoyaban al rey. Al otro, los que se bordaron la cruz roja en la pechera.

De su libertad y su lucha surge esta historia.




martes, 11 de agosto de 2020

EL INFILTRADO. La puerta del cielo


Hoy llega a nuestra redacción una nueva novela.


Tiene de especial que es la primera novela de M. S. Quebec y que el autor la ha escrito bajo pseudónimo ya que es muy diferente a su trayectoria literaria.

Estamos ante una novela de ocultismo, un trhiller sobrenatural, que ha supuesto un experimento para su autor.

Son momentos complicados para el mundo editorial, por lo que ha elegido Amazon como única plataforma de venta y la ha presentado al Concurso Literario de Amazon que, a día de hoy, ha recogido más de 6000 obras para optar a ser una de las cinco finalistas y poder convertirse en ganadora.

EL INFILTRADO. La puerta del cielo

En Arlodia, un pueblo tranquilo de algún lugar perdido en Centro Europa, han convivido durante siglos con las almas de los recién fallecidos antes de que emprendan su último viaje y crucen la Puerta del Cielo. Es un lugar tranquilo, donde la vida y la muerte conviven en paz y sus habitantes cumplen un importante papel en el equilibrio de fuerzas entre el Bien y el Mal.
Pero la apacible existencia de los lugareños se va a ver alterada por la llegada de un misterioso y encantador viajero que los enfrentará a situaciones desconocidas y pondrá a prueba su esencia más profunda.

Una intrigante trama dónde los dilemas morales se mezclan con lo sobrenatural y el thriller. ¿Seríamos los mismos si nuestras circunstancias hubieran sido otras?







martes, 28 de julio de 2020

«La nena» de Carmen Mola


Sinopsis:

Es la noche del fin de año chino, empieza el año del cerdo. Chesca, al mando de la Brigada de Análisis de Casos desde hace un año, ha quedado con Ángel Zárate, pero en el último momento este le da plantón. Aun así, ella sale a divertirse, conoce a un hombre y pasa la noche con él. A la mañana siguiente, tres hombres rodean su cama, a la espera de unirse al festín. Y un repulsivo olor a cerdo impregna la estancia. Después de un día entero sin dar señales, los compañeros de la BAC empiezan a buscar a su compañera. Cuentan con una ayuda inestimable: Elena Blanco, que aunque dejó la policía tras la debacle que supuso el caso de la Red Púrpura, no puede dar la espalda a una amiga. Pronto se darán cuenta de que tras la desaparición de Chesca se esconden secretos inconfesables.

La autora:

Autora y profesora de universidad madrileña que escribe bajo el seudónimo de Carmen Mola.

Su primer libro publicado, La novia gitana, obtuvo un gran éxito de ventas en el panorama de la novela negra. Con él dio inicio a la saga protagonizada por la inspectora Elena Blanco. Con esta novela policíaca la misteriosa escritora Carmen Mola atrapa a sus lectores con una inquietante historia sobre la investigación de un asesinato en una familia gitana.

Mola continúa la saga con La Red Púrpura. En esta ocasión presenta un thriller todavía más extremo sobre la desaparición de un adolescente relacionado con el tráfico de vídeos de muertes en directo. En 2020 publica la tercera parte, La Nena.

Mi opinión.

Cuando leí La novia gitana, me pareció tan duro, tan fuerte la recreación en la maldad humana, la falta de un final cerrado, la poca empatía que me provocó la protagonista, la inspectora Elena Fuentes, borracha de grapa todas las noches y sobria por las mañanas, para resolver casos complicados, que decidí que no leería la siguiente entrega, La red púrpura, dejé que me la contasen.

Cuando se publicó La nena, amigas que conocen mis gustos, me insistieron para que la leyese, con la seguridad de que me iba a gustar, y así ha sido.

Es una novela dura, que me ha reconciliado con Elena Fuentes y con el equipo que la rodea y que me ha parecido, en muchos momentos, como si estuviese escrita por otra persona. No he reconocido a Carmen Mola en la sensibilidad con la que ha tratado algunos temas, en la crudeza sin recrearse o en el perfil más humano de cada uno de los miembros del equipo.

Me ha gustado esta nueva Carmen Mola, ha escrito una gran novela negra, muy ágil, que te atrapa desde la primera página hasta el final que, esta vez sí, lo cierra perfectamente, aunque deje en el aire lo que le pueda ocurrir a alguno de sus protagonistas.

He descubierto lo que es una persona gender fluid, en el personaje de Reyes Rentero, personaje nuevo en el equipo, que parece que ha llegado para quedarse.

Aunque los malos tienen una durísima historia detrás, no he podido empatizar con ellos en ningún momento.

Está escrita de forma que nos imaginemos cada uno de los escenarios, incluidos los más horribles, y suframos lo que ocurre en cada uno de los lugares, del pasado y del presente, gracias a unas descripciones muy visuales.

El libro se divide en cuatro partes con setenta capítulos muy cortos y nos va narrando con un ritmo endiablado la trama principal y las subtramas que va enlazando. Es verdad que el último tercio baja un poco la intensidad y, tal vez, alargue demasiado el desenlace.

Al cerrar el libro, el olor a cerdo, los gruñidos, y la historia del título, volverán a nuestra mente durante varios días, y alguna cosa más que no puedo contar para no desvelar nada. Por cierto, el título no me ha parecido apropiado.

Una novela que gustará mucho a los seguidores de Carmen Mola y a los amantes de novela negra.

Almudena Gutiérrez


jueves, 16 de julio de 2020

Día de libros a la calle


El próximo día 23 de Julio y de manera extraordinaria, se celebra el Día del Libro (San Jordi), en el distrito de Arganzuela. 

Con el apoyo de la Concejalía del distrito de Arganzuela y para dar más visibilidad a librerías y Editores, en el “Día de libros a la calle en el distrito de Arganzuela”, los libreros sacarán libros durante todo el día a la puerta de sus librerías. 
Estarán expuestas todas las novedades literarias del momento tanto en el interior como en el exterior, se podrá mirar, elegir y llevaros vuestra novela para este verano con un descuento especial.

Anotad bien en vuestra agenda el día. 

Desde aquí os invitamos a visitar nuestra librería amiga: Librería y papelería Compás en Calle Gasómetro, 11. Contarán con la visita de cuatro  autoras: Inés Plana, Mónica Rouanet, Marian Peyró y Amelia Noguera, que estarán encantadas de firmar sus obras.





martes, 7 de julio de 2020

«El inocente» de Mario Escobar

«Todos debemos enfrentarnos alguna vez en la vida con nuestra conciencia»

 Annette y Jeffrey Green son una exitosa pareja de escritores. Tras varios fracasos sentimentales parecen haber encontrado la felicidad en su maravillosa casa en Lancaster, Pensilvania. Es verano, mientras toman algo de vino al lado de la piscina recuerdan algunos de sus mejores momentos. Annette se marcha a dormir, pero lo que Jeffrey no sabe es que será la última vez que la vea con vida. Tras un desgraciado accidente, su esposa se cae por las escaleras y muere desangrada. La comunidad parece apoyar al pobre viudo, hasta que una carta anónima relaciona la muerte de su esposa con la de otra mujer, muerta en similares circunstancias en España en los años ochenta. El fiscal acusará a Jeffrey de asesinato y todo su turbio pasado se volverá contra él.

¿Podrá demostrar su inocencia? ¿Logrará que su propia familia le crea? ¿Dos muertes similares pueden ser casualidad?

El autor:


Mario Escobar, novelista, historiador y colaborador habitual de National Geographic Historia, ha dedicado su vida a la investigación de los grandes conflictos humanos. Sus libros han sido traducidos a más de doce idiomas, convirtiéndose en bestsellers en países como los Estados Unidos, Brasil, China, Rusia, Italia, México, Argentina y Japón. Es el autor más vendido en formato digital en español en Amazon.

 

Mi opinión:

Voy acumulando libros en mi lector electrónico que entran a formar parte de una larga lista, de la que voy eligiendo lectura, sin ningún orden. Así he llegado a El inocente, sin recordar cuando lo compré, pero sabiendo que, habiéndolo escrito Mario Escobar, no me iba a decepcionar.

Esta novela es como ver un capítulo de una serie de investigadores y abogados, con juicio, policía bueno, familia modélica que tiene muchos secretos a cuestas, corrupción política, venganza, jurado no todo lo ecuánime que debería ser…

El ritmo es vertiginoso, no te apetece dejar de leer, a pesar de que, desde el comienzo, ya con la dedicatoria, sabes que el protagonista es inocente, aunque lo complicado será demostrarlo.

« ¿Es inocente? ¿Qué es ser inocente? No importa si lo hizo o no. Deje que me explique: Lo importante es parecer inocente.»

Dos giros espectaculares, dejan al lector atónito, dejando toda la trama perfectamente cerrada, sin cabos sueltos.

Una lectura muy agradable, os la recomiendo.


Almudena Gutiérrez


lunes, 6 de julio de 2020

Benito Pérez Galdós, la figura del Realismo Español de Eduardo Valero


El centenario dedicado a la figura de Benito Pérez Galdós, que transcurre en este 2020, todavía no ha acabado. Mermado por las secuelas de la COVID 19, que ha interrumpido la vida de todos, pone de manifiesto la mala suerte que tienen los grandes escritores españoles para casi todo. Si el centenario de Cervantes de 2016 pasó «casi sin pena ni gloria», el de Galdós se presentía lleno de eventos, de publicaciones y de novedades. Sobre estas dos últimas cosas aún tenemos esperanzas. Ya publicadas dos biografías, la de Francisco Cánovas  y la de Eduardo Valero, esperamos con ansiada resignación la de Germán Gullón y Yolanda Arencibia, que a buen seguro, esclarecerán las falacias y errores que se han vertido sobre Galdós desde hace más de un siglo. Pero esta vez vengo a hablar de la de Eduardo Valero titulada Benito Pérez Galdós, la figura del realismo español y con la que tendré especial cuidado en reseñar dada la amistad que me une a su autor.

En este sentido es importante contar cómo lo conocí pues fue gracias a Galdós. Buscando en la red información sobre don Benito me di de lleno con la web «Historia Urbana de Madrid» que Eduardo dirige fielmente desde hace años. No dudé en escribirle y luego llegaron varias llamadas telefónicas para proponerle ser el cronista (título que le va al pelo) de las, entonces, nuevas Jornadas Madrileñas de Novela Histórica. Él aceptó sin pensárselo y así fue que desde 2015 Eduardo ha sido una pieza esencial en estas jornadas que este año 2020 iban a ser las quintas y en donde siempre se le ha dado un protagonismo esencial a Benito Pérez Galdós al ser el mejor retratista del Madrid del XIX.

Recuerdo que una vez animé a Eduardo a publicar todos los post que en su Historia Urbana de Madrid había, para que sus seguidores pudiéramos tener recopilados sus muchos documentos e investigaciones. Entonces se excusó diciendo que él no era escritor y que dicha labor se le presentaba como un trabajo inabarcable.  El destino hizo que años después se topara con la Editorial Sargantana y desde Valencia se consiguiera algo que no hicieron las editoriales madrileñas: proporcionar a una de las personas que más saben de Madrid publicar en su tierra.

Por eso también hay que felicitar a esta pequeña y familiar editorial que ha arriesgado en publicar primero Historia de Madrid en pildoritas y posteriormente la citada biografía Benito Pérez Galdós. La figura del realismo español. Ambos trabajos representan una ingente recopilación de información ofrecida de forma amena y organizados por compartimentos estancos que se han convertido en «fondo de librería» y elemento básico de la biblioteca del buen lector.

Si hay que ponerle algún reparo a la obra de Valero es el título. «La figura del realismo español» se presiente ensayo sesudo y centrado en la obra literaria de Galdós. El contenido del libro, que tampoco podríamos definir estrictamente como biografía, es un compendio de investigaciones que el propio Valero realizó desde años atrás, organizadas cronológicamente pero que no guardan la metodología habitual de las biografías.

Me explico: Valero atiende más a la vida cotidiana, a los detalles, a las novedades y a desentrañar y reivindicar falsedades y verdades que a escribir una vida completa, de principio a fin. Por eso en este libro encontraremos cosas que nunca antes se habían dicho de Galdós, otras que se dijeron hasta la saciedad pero matizadas y algunas contrastadas con la propia familia Pérez Galdós (circunstancia que aunque pueda resultar evidente no concurre en muchas de las biografías ya publicadas sobre el escritor canario), con el fin de dar mayor fiabilidad a lo que se cuenta.

Pongamos en valor solo algunos detalles que aporta el libro y que deben corroborar el gran trabajo realizado por Valero. ¿Cómo escribía Galdós? Así lo narra:
«Si está en su finca de Santander, desayuna y da un paseo por jardines y huerta. A continuación, escribe una cuartilla tras otra. Si es obra dramática orienta el papel en sentido vertical, con escritura clara en pulcros renglones. Si es novela, las cuartillas van en horizontal. ¿Una manía?...En absoluto, es la manera con la que el escritor puede identificar a simple vista una obra entre sus papeles.»
Otra de las novedades que presenta Eduardo es la clarificación del número de la calle Serrano donde habitó don Benito durante un breve tiempo y que dio a conocer en una charla impartida en la Biblioteca Regional de Madrid  con el título La llegada de Galdós a Madrid y casas que habitó, tema, por otra parte que entusiasma al autor.

Para finalizar es importante recordar el esfuerzo que Eduardo Valero ha dedicado a la figura del escritor canario. Gracias a él ahora es ya hijo adoptivo de Madrid, debido a una iniciativa lanzada a través de su web Historia Urbana de Madrid y redes sociales, que fue ampliamente apoyada por organizaciones, asociaciones y particulares y que finalmente el Ayuntamiento de la capital tuvo a bien reconocer.

No creo que sea la última cruzada en la que se embarque Eduardo Valero tratándose de Galdós, porque a las rutas que ya realiza y ha realizado junto a Carpetania Madrid o con la Asociación Verdeviento, muchas son las cosas que quedan por hacer para divulgar, como se merece, la obra y vida del gran don Benito. Pese a quien pese.
Carolina Molina

                                                                       




                                                                                                                       
Nos hemos puesto en contacto con el autor y nos ha comentado la reseña que ha hecho su amiga y compañera Carolina Molina.

En este momento en que se habla de nuevas biografías publicadas, la Revista Pasar Página, publica una breve reseña de mi libro, ese que no suele citarse y que muchos no conocen.
Carolina Molina, autora de la entrañable novela «Los ojos de Galdós», firma esta reseña en la que añade mi vinculación con las «Jornadas Madrileñas de Novela Histórica», de las que es mentora y fundadora.

Desde aquí va mi agradecimiento por recordar mi trabajo y el de años de investigación.

Mi libro, como dice Carolina, no es una biografía al uso sino un compendio de hechos históricos y biográficos necesarios para conocer y comprender a Galdós y los espacios donde nacen sus obras, donde se desarrolla su vida, principalmente en Madrid y Santander.

De las biografías conocidas, y según el juicio de los lectores, esta parece ser la más amena. Me alegro de que así lo perciban.

Como puede advertirse en el prólogo, escrito y dedicado por Rosa Amor del Olmo, en un principio el título del libro sería «Madrid y Galdós», pero la editorial decidió cambiarlo. Y es que, en realidad, aunque Madrid es la ciudad donde vive y muere; en la que el literato madura y su genio creador la retrata y a su gente -a tal punto de denominarla Madrid galdosiano y ser merecedor de que esta le adopte como su más eminente hijo-, también se habla de Las Palmas de Gran Canaria, su ciudad natal; de San Quintín, su residencia de Santander; y de otros tantos lugares que visita e inmortaliza en sus obras, en los que recibió idéntico afecto que el profesado por el pueblo madrileño. Afortunadamente, ese sentimiento perdura.

Carolina Molina me conoce muy bien: trabajando estoy en la divulgación de otras tantas historias asociadas con el Galdós madrileño. Hoy y siempre, porque así lo merece el magnánimo, el insigne Don Benito, un excelente cronista del Madrid decimonónico.
Eduardo Valero





Reseña original publicada en el número 31 de la Revista Pasar Página



martes, 30 de junio de 2020

Asesinos de series de Roberto Sánchez


Esta novela ha llegado a mí porque invité a Roberto Sánchez a participar en mi sección Charlas de mesa camilla, por recomendación de Concha Yunta del blog ¡Qué bello es leer!

Quedé encantada con sus respuestas y decidí que merecía la pena conocer su novela antes de que vea la luz la próxima, de la misma serie, después del verano.

Sinopsis:

«Asesinos de Series» es el nombre del blog de tres jóvenes (Andrés, Marta y Rubén) que viven juntos en Madrid. Adictos a las series, sueñan con crear su gran éxito internacional: una serie de referencia como podría ser «Lost». Andrés se gana la vida escribiendo textos para agencias de publicidad y prospectos de farmacia. Marta es maquilladora en culebrones. Rubén es taxista y, en las largas esperas en el aeropuerto o estaciones, devora todas las series posibles.
Un día, reciben la llamada de una productora de televisión para entrevistarles. En realidad les recibe un subinspector de policía, Héctor Salaberri. El motivo: se están cometiendo unos asesinatos que tienen algo en común: están inspirados en series de televisión. La policía quiere que les ayuden a encontrar nuevas pistas que puedan aparecer en otros casos y, a la vez, ir dibujando el perfil del asesino. Ese mismo día, cuando acuden a la cita, deben dar un rodeo porque el tráfico del centro de la ciudad está imposible. Desde la sexta planta de un hotel ha saltado un hombre. No tiene ningún documento que lo identifique. Se registró la noche anterior con un nombre falso.
Este caso se les encarga a los compañeros de Salaberri, el agente Benítez y la inspectora jefe, Isabel Velasco.

El autor:

Roberto Sánchez Ruiz (Barcelona, 1966) es un periodista radiofónico español vinculado a la cadena SER desde 1988. Entre 1994 y hasta 2012, creó y dirigió durante 18 años Si amanece nos vamos, el primer programa de transición entre la noche y la mañana, valedor de un Premio Ondas, un Micrófono de Plata y una Antena de Oro. Desde septiembre de 2012 colabora en La Ventana de Carles Francino.

En sus comienzos profesionales pasó por Radio Cadena Española, de Radio Nacional de España, y la COPE (Sabadell). En 1993 fue nombrado delegado de Radio Valencia 2. A lo largo de su carrera ha trabajado con profesionales como Iñaki Gabilondo, Carlos Herrera, Andrés Caparrós, Julio César Iglesias, Gemma Nierga o Javier Sardá.

En Televisión ha presentado los programas «Supercampeonesۛ» (Telemadrid) «6,25», (TVE. Espacio dedicado al mundo del baloncesto) y «En el candelabro» (Telecinco, debate de actualidad). Ha sido profesor de Realización y Producción radiofónica en la Escuela Aula Radio de Barcelona.

Mi opinión:

La novela está dividida de una forma muy curiosa, ocho partes estructuradas como si se trataran de capítulos de una temporada de una serie, es decir, 1x01, 1x02, etc.

Es, sobre todo, una novela que parece que estamos viendo en lugar de leyendo y que se disfruta más cuanto más «seriéfilo» se es. Se mencionan muchas series que no conocía y no podía encontrar la similitud de los casos que se están investigando, aunque no por eso pierde interés.

Es muy original, con unos giros importantes y un final impactante.

El perfil de cada uno de los personajes está muy cuidado, los dos policías Velasco y Benítez, muy buenos. Al principio Benítez no me ha caído bien pero su personaje ha ido ganando puntos a lo largo de la narración.

Muchos crímenes, muchos datos, la mezcla de la ficción y la realidad, dos narradores diferentes, hacen que haya momentos que cuesta entrar en la novela, pero la trama es tan interesante que seguimos, aunque tengamos que releer algunos párrafos.

Delitos informáticos, las mafias del boxeo, el blanqueo de dinero a través de bitcoins, el papel del periodismo y los abusos del sensacionalismo, las redes sociales, y muchos otros elementos convierten esta novela en un thriller altamente adictivo. El autor entrelaza los secretos de los personajes y consigue salir airoso, todo un acierto.

Deseando leer su siguiente novela.

Almudena Gutiérrez



lunes, 29 de junio de 2020

LA CAJA





Hoy encontré una caja
con algunos recuerdos.

Unas gafas sin pata,
una cinta del pelo,
una chincheta verde,
una vela, un llavero,
un carrete de hilo,
una pila, un mechero.

¿Quién no guarda una pila,
quién no guarda un llavero?
¿Quién no tiene una caja
repleta de recuerdos?

Mi pasaporte antiguo,
monedas, pegamento,
una canica gorda
que llevaba al colegio,
un corazón de mimbre,
un cascabel muy serio,
botes de brillantina
que se pega a mis dedos,
una cera amarilla
que rotuló un «te quiero».

¿Quién no guarda una cera
que se quedó en silencio,
o funda de móvil,
o un dominó incompleto,
el cordón de un zapato,
o un bolígrafo seco?

¿Quién no guarda un anillo
que le quedó pequeño,
o un pendiente sin otro,
o un collar sin un perro?

¿Quién no tiene una caja
con algunos recuerdos?.
Un yoyó y un tornillo,
un tapón y un pañuelo,
mi nariz de payaso
y una luna de cuero...

¿Quién no guarda en el fondo
de una caja, en silencio,
una foto pequeña
del tamaño de un beso?

¿Quién no cierra los ojos,
y la lleva a su boca
y la aprieta en sus labios
o la asfixia en su pecho?

¿Quién no guarda una foto
del tamaño de un beso...?


Magdalena S. Blesa