miércoles, 21 de octubre de 2026

Encuentro con Eduardo Mendoza

Enmarcado en la 19 edición de Getafe Negro, el Auditorio de Mutua Madrileña ha acogido la conversación mantenida entre Eduardo Mendoza y Lorenzo Silva.

Siempre comento que Lorenzo Silva es uno de mis oradores preferidos pero si se sienta enfrente del gran Eduardo Mendoza, el éxito del encuentro, está asegurado.

Han repasado, sobre todo, su serie de novelas protagonizadas por el policía sin nombre, una saga de novelas de humor, sátira y misterio ambientada principalmente en Barcelona.

La primera de ellas, El misterio de la Cripta embrujada (1978), se convirtió en un éxito inesperado para él, que vivía en Nueva York y que plasmó en esa novela el cambio que percibió en Barcelona durante una visita que hizo a la familia.

Es curioso, la analogía de esa primera novela con el tiempo actual: gobernaba Adolfo Suárez, los alquileres tenían unos precios imposibles, la cesta de la compra era muy cara, una amnistía recién aprobada, una época convulsa…

Como le diría un crítico, hablando sobre el momento histórico que plasma su novela, «la imagen de la transición española era como un partido de fútbol dentro de un manicomio». 

En aquel momento, pareció extraño que el autor de La verdad sobre el caso Savolta, escribiese sobre un mamarracho, pero como le dijo en una ocasión otro escritor, «publica mucho, porque cada novela hace mejor a la anterior». Y así ha llegado a la sexta entrega, publicada la pasada primavera, La intriga del funeral inconveniente.

Todo escritor es serio y mentecato, a la vez, dice Mendoza. «Hay autores que dicen que escriben para conjurar sus fantasmas. Yo no. Yo no tengo fantasmas. Soy tan pobre que no tengo ni fantasmas. Yo escribo para ver qué hago en el mundo».

¿Se atrevería a publicar El misterio de la cripta embrujada hoy? Probablemente, no. Le daría incluso vergüenza. Nunca lee sus novelas. Pero lo que es un hecho es que lleva 51 años escribiendo y publicando lo que quiere, con plena libertad.

Le explica a Lorenzo Silva el motivo del lenguaje retórico de esta serie, el policía es un marginado que quiere integrarse, por eso utiliza este lenguaje elevado. Un léxico que los lectores jóvenes no entenderán si no tienen un diccionario al lado.

No puede acabar esta conversación sin mencionar Sin noticias de Gurb, esa novela que escribió en quince días y no corrigió. Todos somos un poco extraterrestres, dice Mendoza con una sonrisa.

La evolución de la novela negra, el tiempo actual, su amistad con Juan Marsé o con José Sacristán, su fallido proyecto de cine sobre Imán, basado en la novela de Ramón J. Sender, su poca suerte con la adaptación de sus obras, todo ha cabido en esta conversación que se nos ha pasado volando, como suele ocurrir cuando se escucha a los maestros.

Hemos vivido, sin duda, un momento histórico.

 ***

Mi agradecimiento a Maica Rivera, directora de Getafe Negro, que ha hecho posible mi asistencia a este encuentro literario.

Almudena Gutiérrez