miércoles, 8 de junio de 2022

«1984» de George Orwell

Nuestro compañero Víctor Fernández Correas, nos recuerda que, tal día como hoy, se publicó 1984. Nos ha parecido un buen momento para rescatar esta reseña que escribió Mónica Díaz par el número 44


En año 1984 Londres es una ciudad lúgubre en la que la Policía del Pensamiento controla de forma asfixiante la vida de los ciudadanos. Winston Smith es un peón de este engranaje perverso y su cometido es reescribir la historia para adaptarla a lo que el Partido considera la versión oficial de los hechos. Hasta que decide replantearse la verdad del sistema que los gobierna y somete.

Sobre el autor

George Orwell (Motihari, India, 1903 - Londres, 1950), cuyo nombre real era Eric Blair, fue novelista, ensayista y maestro de periodistas. Podría decirse que su breve vida resume los sueños y las pesadillas del mundo occidental en el siglo XX. Nació en la India británica en el seno de una familia de clase media, estudió con una beca en el exclusivo colegio de Eton, sirvió en la Policía Imperial en ultramar (Los días de Birmania, 1934), volvió a Europa, regresó a la Inglaterra rural y empezó allí el ejercicio de la docencia (La hija del clérigo, 1935). Escribió sobre la clase obrera inglesa y la explotación (Que no muera la aspidistra, 1936; El camino a Wigan Pier, 1937), recogió su experiencia de lucha contra el fascismo en la turbulenta Guerra Civil española (Homenaje a Cataluña, 1938), vislumbró en la convalecencia posterior el derrumbe del viejo mundo (Subir a por aire, 1939), colaboró con la BBC durante la Segunda Guerra Mundial, se consagró en el Tribune y el Observer como uno de los mejores prosistas en lengua inglesa (entre su vasta producción ensayística cabe destacar El león y el unicornio y otros ensayos, 1940), fabuló las perversiones del socialismo (Rebelión en la granja, 1945) y llegó a anticipar nuevos tipos de sociedad burocrática e hiperpolítica (1984, 1949). A pesar de su temprana muerte, se le sigue considerando la conciencia de una generación y una de las voces más lúcidas que se han alzado contra toda clase de totalitarismos.

Reseña

Este mes me reseño uno de los clásicos de la narrativa, 1984 de George Orwell. Siempre había tenido pendiente su lectura y, hace unos meses, tras verlo en la estantería de unos amigos, decidí pedírselo prestado para aventurarme en ese mundo distópico creado por Orwell en 1949 y la verdad que ha sido todo un viaje.

La realidad es que el análisis de este libro podría ser infinito por lo que me centraré en los aspectos que me han llamado la atención a mí personalmente. Si bien es cierto que su lectura en algunos de sus capítulos puede resultar algo lenta y pesada, en general, el recorrido que plantea sobre los diversos temas es atractivo y consigue atrapar al lector.

1984 es uno de esos libros que no te deja indiferente y creo que eso es lo que más me ha gustado. A través de sus líneas pone al lector contra la espada y la pared, le hace reflexionar más allá de sus páginas, le obliga a replantearse el mundo en el que vivimos y le abre los ojos en muchos sentidos. Orwell decía tras publicar su novela que no creía que la sociedad que había descrito en el libre necesariamente llegase a ser una realidad, pero que sí creía que podía llegar a existir algo parecido. Ahora, en 2021, más de 50 años después, lo que el escritor planteaba es cada vez menos distópico y más real.

Tras su lectura es imposible no cuestionarse el mundo en el que vivimos y experimentar cierta paranoia sobre lo que plantea el libro, tanto en el plano político como en su parte social y existencialista. Da miedo descubrir como esa sociedad puede llegar a convertirse en un manifiesto de la realidad. Sino lo es ya. Y eso es, cuanto menos, perturbador.

La novela está centrada en una sociedad en la que todo esta bajo el control del Estado, nada se puede hacer sin que el régimen lo sepa y nadie se puede salir de las funciones que le han sido asignadas dentro del sistema. Cada persona está encajada en una categoría a la cual tiene que dedicar su vida, sin salirse de la línea. Cada individuo tiene una función y ese es su único cometido. Así, la forma de conseguirlo es a través de la creación de un ambiente de miedo y opresión, mostrando como nada se escapa al Gran Hermano, ni si quiera los pensamientos. Para ello, la censura, la falsificación, la propaganda y los lavados de cabeza están a la orden del día.

Como «anécdota» diré que, semanas después de terminar el libro, coincidió que empecé a ver la serie de El cuento de la criada y ciertamente me sorprendió la similitud que encontré en ella con la novela. De nuevo otra historia perturbadora con una sociedad distópica de cuyas garras es casi imposible escapar. Este es uno de los numerosos ejemplos de que la influencia de Orwell sigue presente a día de hoy pese a que su novela sigue cumpliendo años. Por cierto, serie muy recomendable.

Por último, me gustaría hacer una mención especial a su final. Siguiendo la línea general del texto puede que no sea el final deseado y ni si quiera es un final feliz, sino que mantiene la coherencia con el resto de la novela y deja al lector con una sensación de pesimismo y falta de esperanzas difícil de superar.

El final rompe con cualquier expectativa en lo que respecta a la rebelión o a conseguir un cambio en el sistema y muestra como la única solución pasa por someterse a él. Concluye, así, lanzando un nuevo mensaje al lector para que, tras cerrar su tapa, continúe con esa reflexión que traspasa las fronteras del papel.

Mónica Díaz