Enmarcado en la 19 edición de Getafe Negro, el Auditorio
de Mutua Madrileña ha acogido la conversación mantenida entre Eduardo Mendoza y
Lorenzo Silva.
Siempre comento que Lorenzo Silva es uno de mis oradores
preferidos pero si se sienta enfrente del gran Eduardo Mendoza, el éxito del
encuentro, está asegurado.
Han repasado, sobre todo, su serie de novelas protagonizadas
por el policía sin nombre, una saga de novelas de humor, sátira y misterio
ambientada principalmente en Barcelona.
La primera de ellas, El misterio de la Cripta
embrujada (1978), se convirtió en un éxito inesperado para él, que
vivía en Nueva York y que plasmó en esa novela el cambio que percibió en
Barcelona durante una visita que hizo a la familia.
Es curioso, la analogía de esa primera novela con el tiempo
actual: gobernaba Adolfo Suárez, los alquileres tenían unos precios imposibles,
la cesta de la compra era muy cara, una amnistía recién aprobada, una época
convulsa…
Como le diría un crítico, hablando sobre el momento histórico que plasma su novela, «la
imagen de la transición española era como un partido de fútbol dentro de un
manicomio».
En aquel momento, pareció extraño que el autor de La verdad sobre el
caso Savolta, escribiese sobre un mamarracho, pero como le dijo en una
ocasión otro escritor, «publica mucho, porque cada novela hace mejor a la
anterior». Y así ha llegado a la sexta entrega, publicada la pasada primavera, La
intriga del funeral inconveniente.
Todo escritor es serio y mentecato, a la vez, dice Mendoza.
«Hay autores que dicen que escriben para conjurar sus fantasmas. Yo no. Yo no
tengo fantasmas. Soy tan pobre que no tengo ni fantasmas. Yo escribo para ver
qué hago en el mundo».
¿Se atrevería a publicar El misterio de la cripta
embrujada hoy? Probablemente, no. Le daría incluso vergüenza. Nunca lee sus
novelas. Pero lo que es un hecho es que lleva 51 años escribiendo y publicando
lo que quiere, con plena libertad.
Le explica a Lorenzo Silva el motivo del lenguaje retórico
de esta serie, el policía es un marginado que quiere integrarse, por eso
utiliza este lenguaje elevado. Un léxico que los lectores jóvenes no entenderán
si no tienen un diccionario al lado.
No puede acabar esta conversación sin mencionar Sin
noticias de Gurb, esa novela que escribió en quince días y no corrigió.
Todos somos un poco extraterrestres, dice Mendoza con una sonrisa.
Hemos vivido, sin duda, un momento histórico.
Mi agradecimiento a Maica Rivera, directora de Getafe Negro, que ha hecho posible mi asistencia a este encuentro literario.
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| Almudena Gutiérrez |





