lunes, 18 de noviembre de 2019

Morir







No se había guardado nada para ella. Le había dado sus mejores años, todas las caricias que encerraban sus manos, dos hijos, cada lágrima y hasta las últimas briznas de comprensión y paciencia que encontró entre los rincones de su gastada piel. A veces se quedaba por una noche en casa y ella tocaba la felicidad. Cuando agotada de quererlo el alba la sorprendía en sus brazos, siempre le decía: «Qué buen momento para marcharme, no me importaría morir ahora». Cada vez que la dejaba soñar que se amaban. Pero ya estaba seca, no le quedaba nada por darle, y se rindió.

Él estaba en una de sus correrías con los amigos cuando fueron a avisarlo: «Daniela está muy grave en el hospital, ha intentado quitarse la vida». A su llegada, oliendo a perfume barato, alcohol y tabaco, se acercó a su oído y, haciendo un esfuerzo por parecer lo que era, su marido, le dijo: «Casi lo consigues. Nunca pensé que ibas en serio cuando me decías que no te importaría morir…». Ella lo interrumpió y, regalándole el último aliento que le quedaba, le susurró al oído: «Mil veces te lo dije y nunca lo entendiste. Sí, en esas noches que me dejaste dormir en tus brazos no me hubiese importado morir para llevarme aunque fuese un solo recuerdo feliz, pero hoy es distinto, simplemente no quiero vivir».
Mercedes Pinto Maldonado


Fotografía: Lorena Sánchez Rodríguez

jueves, 14 de noviembre de 2019

Entrevista a Javier Correa


REVISTA PASAR PÁGINA NÚMERO 23

Cuando mi amigo (y escritor) Gabriel Aura Borrajo me recomienda un libro, suele acertar de pleno. Eso es lo que sucedió con su última recomendación, Sombras de niebla, la primera novela de Javier Correa, y de la que podéis encontrar más detalles en la sección Hablando de libros de este mes. Una vez terminada la novela, me puse en contacto con el autor y accedió, muy amablemente, a responder a algunas de mis curiosidades. Por favor, pasen y lean.

Marina Collazo — Bienvenido a Pasar Página, Javier. Para empezar por el principio, para los lectores que no te conozcan, ¿quién es Javier Correa? Preséntate, por favor.
Javier Correa — Pues una persona normal y corriente, que intenta aprender día a día de la vida, y que ha decidido utilizar la pluma, más que para dar respuestas, para compartir inquietudes, y en la medida de lo posible, para provocar la reflexión de los lectores, en una época en la que el pensar y reflexionar, a veces sobre nuestra propia vida, está pasando a formar parte de la lista de buenos deseos de principios de año.

MC Sombras de niebla es tu primera novela y has arriesgado con una trama bastante compleja. ¿Ya era esa la idea inicial o empezaste a escribir y la historia tomó vida propia?
JC — La verdad es que la trama de la historia se fraguó en una hoja Excel, con unas cuantas casillas vinculadas entre sí, como es lógico. Pero una vez empezó a cobrar forma, fueron varias las ocasiones en las que las propias palabras tiraban con fuerza hacia una celda que de principio no les correspondía. Y esa sensación, más que desconcentrarme me sorprendió gratamente. La libertad indomable de las palabras es una de los poderes de la literatura.

MC Los escenarios principales de la novela son tres: Lille (Francia), San Silvestre de Guzmán (Huelva) y el antiguo Zaire. Muy distintos entre sí, pero cumpliendo cada uno su misión en la historia. ¿Conocías estos lugares antes de plasmarlos en la novela o fueron escogidos al azar? Tanto si fue de una manera como de otra, ¿por qué estos lugares? Cuéntanos…
JC — La elección de Lille, fue algo más propio del diván de un psicoanalista que de una meditada decisión; nací en Badalona, y en mi ciudad siempre hemos estado a la sombra de Barcelona, algo parecido a lo que sienten los habitantes de Lille respecto a París. Así que me propuse dar más notoriedad a las sombras, que a las bellas ciudades que las provocan. Lille es una preciosa ciudad que conozco de mi etapa profesional anterior.
»San Silvestre fue fruto de un azar relativo; de un acertado azar, puedo decir pasado el tiempo, entre los centenares de pueblos de España que cumplían con los criterios que necesitaba: un municipio tranquilo donde el tiempo tiende a rezagarse y cualquier vecino puede escribir la biografía del de enfrente.
»La elección del Zaire, cumplía con la imagen distante y misteriosa de África, que encajaba bien con la decisión que envuelve la inesperada marcha de Carlos, el principal protagonista de la historia.

MC La carga más importante de la trama sucede en el antiguo Zaire, con los misioneros combonianos como protagonistas. ¿Hubo labor de documentación o conocías el tema de cerca?
JC — Durante algunos años colaboré con los misioneros combonianos. Admiro la labor silenciosa que llevan a cabo sobre el terreno; con homilías de sudor más que de buenos consejos y palabras. El mundo de hoy, en mi opinión, anda muy necesitado de personas altruistas como la que caracteriza a los de los misioneros combonianos. Y sí, hubo una labor de documentación, de bastantes horas, si me permites la sinceridad. La narración de las vivencias y particularidades del Zaire de la época, sucedieron realmente, a pesar de que la distancia económica, que no física, de nuestro mundo occidental nos las muestre sacadas de la caja de la fantasía.

MC Por cierto, ¿en qué genero encajarías tu novela? Complicado, ¿no? (Encajarla en un género concreto, quiero decir) Sorpréndeme…
JC — Comparto tu respuesta. Complicado e incluso, dentro de los diferentes géneros en los que podría encajarla: histórica, romántica o suspense, me cuesta priorizar entre ellos, más allá del orden alfabético que utilizo al nombrarlos. Pero te diré que el género más bonito que me comentó un lector, sorprendiéndome a mí mismo, fue el de místico.
»Que el lector sea capaz de ver más allá del propio escritor, es otra de las riquezas de la literatura. Las historias que esclavizamos los escritores, cobran libertad en la mente de los lectores, por suerte.

MC Sí, místico no le va mal… Dime, Javier, ¿ha sido difícil publicarla, en cuanto a soporte editorial se refiere? ¿Cuál ha sido tu experiencia? ¿Qué pasos has seguido hasta llegar a Círculo Rojo?
JC — He tenido la opción de elegir entre dos editoriales. Con una de ellas, a pesar de respetar los argumentos que me esgrimieron en aspectos de la inversión y riesgo que suponía dar a conocer un escrito novel, no me pareció ético, recibir poco más que una limosna por cada ejemplar vendido. Considero que todo trabajo, sea o no del ámbito artístico, ha de tener un valor acorde con el esfuerzo que conlleva, sin sobrevalorarlo subjetivamente, ni infravalorarlo por respeto a uno mismo. Me decidí por tanto por Círculo Rojo, al ser una de las editoriales de autoedición más serias, consolidadas y con un abanico de títulos publicados que la hacen estar a la cabeza de la edición europea. Mi experiencia con ellos ha sido muy positiva. Y el premio de novela Círculo Rojo, al que Sombras de niebla opta, junto con otras muchas, acabó por decidirme por ellos.

MC — ¡Mucha suerte en ese premio! He leído que habrá una segunda parte de Sombras de niebla. ¿Qué nos puedes contar sobre esa continuación? ¿Seguirá teniendo los mismos escenarios? Zaire ya no me encaja en esa segunda parte… ¿o sí?
JC — La verdad es que, de entrada, no pensé en una segunda parte de Sombras de niebla, pero sí, la habrá. Y una vez más, han sido los propios lectores quienes me lo han propuesto, y estoy encantado de que así sea. En esta segunda parte, en la que ya estoy trabajando, Zaire, como bien intuyes, Marina, no formará parte de los escenarios por los que transcurre. Pero sí hay otro pueblo, y otra gran ciudad, que van a volver a llevar al lector de un lado a otro. En esta ocasión, la protagonista principal 
es Laura y el fruto de las secuelas psicológicas que conllevan el sentir como el padre que dice amarte tanto es capaz de abandonarte de la noche a la mañana. Laura va a ser un personaje con una personalidad impactante, que va a intentar llevar al lector a empatizar con ella o tal vez a odiarla. Preferiría que fuera lo primero, aunque si no puede ser prefiero lo segundo a dejarlo indiferente.

MC — Eres licenciado en Derecho y experto en Economía y Empresa, ¿cómo se produce tu salto a la literatura?
JC — Bueno, siempre he pensado que la formación, sea la que sea, es algo que como mínimo sirve para conectar nuestras neuronas, ocupa poco espacio, y no pueden sustraértela. Estudiar Derecho o Economía, o cualquier otro estudio u oficio, te permiten tener unos conocimientos limitados en unas áreas específicas, que a mí me han servido, y todavía lo hacen, para obtener un salario. Tal vez un día pueda dedicarme en exclusiva a la literatura, y en ello estoy, pero soy consciente de que, partiendo de una cueva, el camino será largo.
»La literatura siempre me ha atraído. A mis hijos les pido tan a menudo como puedo, antes de ir a dormir, que me digan tres palabras para crearles un cuento. Hay algunos que me salen mejor que otros, pero todos tienen tres cosas en común: que los inicio con un «Hace miles y miles de años…», que son de originales, y se nota, y que sirven para que se duerman (a veces incluso me duermo). Pero más allá de esta faceta casera, fue el fallecimiento inesperado de mi padre, y la sensación de finitud de la vida que vino con ella, la que me llevó a bajarme del mundo directivo empresarial al que pensaba dedicarme toda la vida, para valorar el tiempo, todo el tiempo que hasta entonces había robado a mi familia y había negado a mi afición de escribir.

MC — ¿De qué fuentes bebes, literariamente hablando?
JC — No tengo referentes literarios, aunque admiro a muchos de ellos, conocidos y no. En mi opinión un escritor debe escribir mucho más que leer, y mostrar interés sobre temáticas dispares y no únicamente sobre obras literarias parecidas a las del género en el que escribe.
»He leído grandes obras que lo único grande que tenían era la fama del escritor y la editorial, además de una gran campaña de marketing, y obras grandes donde lo único grande que había era la sorprendente habilidad de una escritora o escritor desconocido, para combinar palabras.  Lo que sí tengo claro es que no elijo un libro por un nombre ni por la mayor cantidad de ejemplares disponibles en una librería.

MC — Actualmente, eres profesor en las áreas de Empresa y Orientación Laboral. Aprovecho para preguntarte cómo ves el futuro laboral. ¿Eres optimista? ¿Están nuestros jóvenes preparados y, sobre todo, motivados para luchar por su futuro?
JC — Tengo dudas. En la revolución industrial se llegaron a quemar fábricas a manos de personas de mentalidad artesanal, por así decirlo. Después vimos como esa revolución fue capaz de ofrecer buenas perspectivas laborales a las generaciones venideras (a costa del deterioro del planeta que ahora empezamos a comprobar, lamentablemente). Hoy en día, estamos en otro momento de transición económica importante. De entrada, la automatización está provocando que jóvenes, que años atrás hubieran podido ganarse la vida cobrando peajes en una autopista, por ejemplo, vean nulas posibilidades de acceder al mercado laboral sin un mínimo de formación.  Si no aportas valor añadido, laboralmente no eres atractivo para las empresas. Pero hay maneras de paliar el excedente de mano de obra que está provocando la robotización: por ejemplo, la cotización de la propia maquinaria robotizada, la aparición de nuevas profesiones, como la de Comunity manager o Influencer, las oportunidades que traerá consigo la economía sostenible… y sobre todo, en mi opinión, el cambio de paradigmas laborales, económicos y sociales, que quizá nos muestre una cara de la felicidad bastante alejada de la propiedad de bienes, y más acorde con una filosofía del tiempo libre y una autorrealización más armónica con el planeta. Trabajar por proyectos concretos; ahora en una empresa y una ciudad del mundo y luego en otro proyecto de otra ciudad de la otra punta, no será algo excepcional en los próximos años.

MC — ¿Y el futuro literario? ¿Te ves dedicando tu vida en exclusiva a escribir?
JC — Esa es la intención, y en eso estamos, pero al final son los lectores los que me acabaran situando en el lugar que merezco. Y tendrán razón, tanto si es para permitirme dedicarme en cuerpo y alma a la escritura, como si es para llevarme a la pregunta de estar perdiendo el tiempo. Es cierto también, que hay un pequeño factor suerte que influye, e incluso un factor empresarial que puede lanzarte desde el más completo anonimato, como, por ejemplo, sería realizar una agresiva campaña de publicidad en todos los medios de comunicación, pero no es mi estrategia a seguir; primero por una cuestión de inversión económica, y segundo porque considero que al lector se le puede engañar solo una vez. Si al final, más allá del marketing, la obra en sí no enamora, habrá servido de poco o nada.
»No pretendo convertirme en un escritor de un pelotazo, sino ir abriéndome camino poco a poco centrándome en lo que considero que a la larga me dará mejor rendimiento: escribir lo mejor que sepa, saber que cada página es un reto y una oportunidad si soy capaz de aprovecharla. Tengo claro que mi intención, como escritor, es la de entretener, zarandear emociones (disfruto intentando llevar al lector de la risa al llanto) y, si soy capaz, provocar la reflexión que escondo entre líneas. La estrategia con la que más me gustaría llegar a ser conocido sería la del lector que se convierte en prescriptor de tu obra.

MC — Hablemos de teatro. Creo que tienes algo que contarme; soy todo oídos.
JC — Una agradable creación de divertimento. De hecho, es una obra de teatro en cuatro actos, donde la mofa, la ironía y, sobre todo, el saber reírse de uno mismo (que es muy saludable) son el hilo conductor de la misma. Me reuní con las actrices y actores, les pregunté qué tipo de personajes les gustaría representar y me puse manos a la obra.
»Ha sido genial comprobar como una señora de apariencia cercana y bondadosa me pedía un papel de persona díscola y malhumorada, por poner un ejemplo. Ha sido una grata experiencia que publicaré también con Círculo Rojo y aparecerá en breve.

MC — Una curiosidad, ¿utilizabas las redes sociales antes de publicar tu novela?
JC — Miro el tema de las redes con cierta cautela. Ahora que estamos solos, te confesaré que durante unos cuantos años formaba directores de una multinacional entre otras cosas en gestión del tiempo; «Los ladrones del tiempo» era el título de la formación y en ella entraba «a saco» en el tema de las primeras redes, ya te imaginas desde que perspectiva. Las redes, como tantas otras cosas, pueden suponer un avance muy interesante en muchos aspectos de nuestra vida, si sabemos utilizarlas en nuestro beneficio. Pero cuando nuestra sonrisa depende del número de likes o seguidores que hemos conseguido con la última foto o publicación, nuestra libertad se traslada a una esclavitud muy bien maquillada.

MC — ¿Qué ventajas e inconvenientes ves en las redes sociales?
JC – Las ventajas, en mi caso, se basan en la posibilidad de dar a conocer mi obra y, sobre todo, la de poder ampliar mi círculo de amistad y conocidos, con personas muy interesantes.
»El inconveniente es el riesgo de perder la fina línea que separa la libertad de la dependencia. Me gusta observar la realidad, y me entristece ver lo fácil que es aislarse con un móvil en la mano a pesar de estar rodeado de amigos en la abarrotada cafetería de una ciudad.

MC — ¿Crees que la era digital terminará desbancando al libro de papel? ¿Qué haremos entonces los románticos? ¿Y qué pasará con las bibliotecas, serán ebooktecas? ¿Ser bibliotecario tiene los días contados?
JC — No lo creo. De hecho, el ebook ha tenido un ascenso rápido, pero no ha acabado de consagrarse y parece estar teniendo un descenso pausado. Pienso que las generaciones más jóvenes no quieren privarse del placer de leer un libro en formato tradicional. Siempre he pensado que las páginas están formadas por átomos con un encanto propio, difícil de explicar, algo así como las ondas de la radio que tan bien soportan el paso del tiempo.
»A lo que sí le veo más futuro que al ebook, es al audiolibro. Creo que este formato podrá hacer ganar «audiolectores» a las industrias editoriales; personas poco aficionadas a la lectura que llegarán a la literatura mediante este nuevo formato, esperemos que para quedarse. En América están abriéndose camino a buen ritmo, y nada me hace pensar que Europa, y el resto del mundo, vaya a ser diferente.

MC — Véndeles tu novela a nuestros lectores, ¿por qué deberían leer Sombras de niebla?
JC — Primero, por el beneficio que les comporta a sus neuronas, no únicamente el hecho de leer en sí, sino sobre todo la imaginación que emerge de la escritura. Segundo, porque van a conocer un personaje que, no siendo el protagonista, despierta la simpatía, incluso diría que la atracción, de buena parte de mis lectores. Y me refiero a Pablo; el personaje que tantas personas me han preguntado si existe o no, con la intención de conocerlo o de… vete a saber qué. Y, por último, recomiendo Sombras de niebla a aquellas personas que están convencidas de ser capaces de escribir hasta el final de sus días, todas y cada una de las páginas futuras de su diario. Sombras de niebla nos da a entender que la vida, por más que uno se esfuerce en tenerlo todo controlado, es capaz de sorprendernos cuando menos lo esperamos, a veces para bien, o para mal, o incluso para mostrarnos la fuerza que esconden algunas desgracias.  A todas y a todos ellos, les recomiendo leer Sombras de niebla.

MC — Para finalizar, ¿hay algo más que quieras contarnos? Te escuchamos…
JC — Voy a comentarte una pequeña anécdota que me hizo dudar unos cuantos días. Mientras me documentaba, leí que Mobutu Sese Seko, el antiguo dictador del Zaire del que trato en la novela, llegó a contactar con el cuerpo de la Guardia Civil española para pedirles que formaran la que acabaría siendo su guardia personal. En ese momento, me era muy fácil hacer que dos personajes de la novela se encontraran de pronto en el Zaire, pero parecía tan forzada la coincidencia en el transcurso de la novela, que al final decidí no hacerlo. Una simple muestra de que en muchas ocasiones la realidad supera la ficción.
»Y, por último, permíteme que agradezca a Gabriel Aura, un gran escritor y gran persona, que me haya regalado el privilegio de conocer a la persona que, con tanta maestría, ha realizado esta entrevista.

MC — ¡Oh! Muchísimas gracias a ti, Javier, ha sido un verdadero placer. Y yo también le doy las gracias a Gabriel Aura por haberte puesto en mi camino y tener la oportunidad de mantener esta conversación contigo.
»Seguiré muy atenta a tu faceta literaria, y también a la teatral, de la que hablaremos más ampliamente en otro momento.
JC — Muchísimas gracias a vosotros. Salud y saludos a todos.

Marina Collazo Casal



La entrevista original está publicada en el número 23 de la Revista Pasar Página



miércoles, 13 de noviembre de 2019

Todo el bien y todo el mal.


Autora: Care Santos
Editada por Destino
D

Reina tiene un marido, un exmarido, un amante, un hijo adolescente, un buen sueldo y un trabajo que le apasiona y al que se dedica en cuerpo y alma. A Reina le gusta su vida. Aparentemente lo tiene todo, o por lo menos eso piensa ella. Hasta que, durante uno de sus viajes de trabajo, de repente sucede algo en su casa que cambiará las cosas, y que le demostrará de la peor manera hasta qué punto es vulnerable.
Así es como empieza para Reina un largo camino de regreso a casa, en el que lo peor que tendrá que afrontar no es la extenuante espera en un aeropuerto cerrado por una ola de frío siberiano, sino el vértigo que le provoca revisar su vida en busca de la verdad y tener que enfrentarse a ciertas preguntas incómodas: ¿Cuáles son las personas de verdad imprescindibles en nuestra vida? ¿Qué consecuencias tienen las malas decisiones? ¿Qué seríamos capaces de hacer en las circunstancias más terribles? ¿Conocemos realmente a nuestros hijos? ¿Nos conocemos lo suficiente a nosotros mismos?
Todo el bien y todo el mal es sin duda una de las novelas más ambiciosas y valientes que ha escrito Care Santos, en la que nos muestra la frágil telaraña de nuestras relaciones familiares y personales, y lo complicado que resulta mirarse al espejo.

La autora:


Care Santos (Mataró, 1970) es autora de diez novelas, entre las que destacan Habitaciones cerradas (2011) ― adaptada a la televisión en 2014―, El aire que respiras (2013), Deseo de chocolate (2014, premio Ramon Llull), Diamante azul (2015), Media vida (Premio Nadal 2017) y Todo el bien y todo el mal (2018). Su obra ha sido traducida a más de veinte idiomas, incluyendo el inglés, el alemán, el francés, el sueco, el italiano y el holandés. Es colaboradora de El Periódico y de la revista Mujer Hoy.




Mi opinión:

Es una novela curiosa por varios motivos.

Voy a empezar por el final. Me ha parecido una novela redonda, en la que todo lo que se ha planteado queda lo suficientemente resuelto para que me haya parecido cerrado, aunque queden cosas a la imaginación del lector y, sin embargo, la autora nos cuenta que es la primera parte de una bilogía. Esto, que me podría haber defraudado, me ha gustado porque me parece que ha tenido el mérito de hacer una historia independiente que, con una segunda parte, me va a explicar lo que yo habría tenido que imaginarme.

La narración está a cargo de un narrador omnisciente y, sin embargo, tenemos la sensación de que lo está contando Reina, la protagonista indiscutible, en primera persona.

La historia transcurre durante unas horas, una larga noche de tormenta siberiana en el aeropuerto de Bucarest, con el tráfico aéreo cerrado, que impiden que Reina esté en el lugar que quiere y que debe estar: junto a su hijo después de saber que ha intentado suicidarse. Esas horas que a Reina se le hacen eternas, son suficientes para que conozcamos su vida, la de su familia, sus padres, su exmarido, su actual marido, su hijo, su trabajo, su amante... Reina se desnuda ante el lector, no deja ni un resquicio de su interior que no conozcamos.

El portátil y un teléfono móvil, son su unión con el mundo que está al otro lado de la tormenta. Reina va recordando su pasado, e intentando averiguar el motivo por el que han llegado a la situación en la que están, tanto ella como los que la rodean.

La autora nos plantea temas complejos y actuales sobre las relaciones de pareja, las relaciones con nuestros hijos adolescentes, la conciliación familiar, los secretos incontables de las grandes empresas y los secretos de las familias.

Una novela intimista, muy bien escrita, que nos relata las decisiones que tomamos en la vida, acertadas o no, las mentiras en las que a veces la cimentamos, obligados, muchas veces, por las circunstancias.

Como he comentado antes, Reina es el todo, pero está rodeada de muchísimos personajes, muy bien perfilados, conseguimos conocerlos, cómo son, cómo reaccionan y hasta cómo hablan por teléfono.

Es, resumiendo, una gran novela.



Almudena Gutiérrez

lunes, 11 de noviembre de 2019

A mi manera



Hoy os traemos un microcuento de Gabriel Aura Borrajo, acompañado de banda sonora.






Encontrarse bien con uno mismo es hacer balance de la vida y saber que pese a los errores cometidos has sido capaz de reponerte a ellos.



A mi manera

Extraído del álbum Siempre así sinfónico, con la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla.



miércoles, 6 de noviembre de 2019

Las mujeres que no salen en los libros


Autora: Mercedes Gallego Moro
Autopublicado en Amazon


Una historia de amistad, de amor y solidaridad que relata la vida de las mujeres que lucharon de forma anónima para lograr una igualdad, que en pleno siglo XXI todavía no se ha conseguido. Consuelo y Laura entablan amistad de forma casual cuando ambas acuden a unas clases de francés. La primera, abogada, hija de la burguesía madrileña y Laura, que tras la muerte de su marido, se enfrenta a las dificultades que entrañaba ser mujer en la posguerra española, a pesar de que antes de ser viuda, era ella la que llevaba las riendas del negocio, una tienda de comestibles que ambos poseían en el madrileño barrio de Chamberí. A pesar de las diferencias ideológicas y sociales que las separan, que con el tiempo se va diluyendo, cuando se dan cuenta de que la única lucha posible en los años sesenta de una posguerra que se prolonga en el tiempo, es lograr los mismos derechos que los hombres. Consuelo es detenida cuando investiga la desaparición de recién nacidos y se inicia su carrera por la supervivencia. Conoce a Lucie, una mujer que solo busca sobrevivir al hambre y a la violencia que ejerce su marido sobre ella. Lucie resulta crucial para la supervivencia de Consuelo. 



La autora:

Mercedes Gallego Moro, psicóloga y escritora. Estuvo dos años en la Policía Nacional como miembro del Grupo Especial Femenino. Posteriormente, trabajó en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, CSIC.
Dentro del género policiaco ha publicado Operación Maletín, Matar al mensajero, La trampa y Nada será igual (serie Candela Luque), El asesino del ajedrez y Mauri.
También ha publicado el libro de relatos Déjame que te cuente y el libro de poemas Los poemas de un trozo de mi vida.

Mi opinión:

Estamos ante una novela muy diferente a lo que a autora nos tiene acostumbrados, una narración intimista que se desarrolla, desde los comienzos de la Guerra Civil Española, hasta la España democrática. La historia de Consuelo y de Laura y de tantas mujeres desconocidas que escribieron nuestra Historia. Una época difícil, en la que las mujeres casi no existían.

Tiene, además, tintes históricos porque, para mí, ha sido una lección de historia, esa que no se suele contar y que, por supuesto, no está en los libros. La vida de las mujeres que se salían de lo que se esperaba de ellas, unas por convicción, otras por necesidad y otras muchas que se quedaban dentro del sistema porque era mucho más sencillo vivir así, aunque eso les pudiese costar el amor de una hija.

Una novela con hombres que luchan por el honor, las promesas, el qué dirán…e incluso el radicalismo militar o religioso.

Una España gris, en la que hay que esconder los sentimientos y las ideas políticas, en la que lo más sencillo es ponerse una venda y callar.

Una historia de personajes, sobre todo las dos mujeres protagonistas, Consuelo y Laura, fuertes y luchadoras. Pero también Leonor, la madre de Consuelo, una persona que dejó todo por amor. ¿Qué habría ocurrido si se hubiese casado con otro? O Lucie, maltratada por su marido y por la vida.

¡Cuántas vidas que se truncaron bajo el yugo de hombres que no estuvieron a la altura!

La autora ha tocado temas complejos, como el robo de niños, las torturas policiales durante las detenciones, las condiciones de las presas en la cárcel de mujeres, la resistencia exilada en París, la creación de Movimientos Democráticos, la lucha feminista, los amores «prohibidos», toda la historia más reciente, perfectamente entretejida y poniendo, por encima de todo, el valor de la verdadera amistad.

No es, sin embargo, una novela política ni partidista, está bien documentada y nos encontraremos buenos y malos en todos los lugares que vamos recorriendo durante nuestra lectura.

Mercedes Gallego nos permite, con esta obra, acercarnos a nuestra historia más reciente.
Muy recomendable.
Almudena Gutiérrez



lunes, 4 de noviembre de 2019

Cuenta la leyenda...




«Allá por el siglo XI el príncipe Abdalà Oudai, musulmán, ocupante del castillo de Maldà, se enamoró locamente de la joven Adalés, cristiana y para su desgracia hermana de un tal Bremon, vizconde de Cardona y ocupante del castillo de Cardona. Adalés también se enamoró del príncipe moro. ¿Cómo ocurrió? Muy fácil: en una fiestecilla que Bremon organizó invitando al príncipe Abdalà. ¿Extraño? No. Al parecer era una de esas épocas en que había una «supuesta» coexistencia pacífica entre moros y cristianos. Lo dice la leyenda. 
Pero una cosa era una fiestecilla de vez en cuando y otra que contrajeran matrimonio. Eso era impensable —la coexistencia pacífica no daba para tanto—, y como los jóvenes enamorados lo sabían decidieron verse a escondidas con la esperanza de que algún día esos matrimonios fueran aceptados. Fe tenían un rato.

Pasó el tiempo, aumentaron sus encuentros y bajaron la guardia por lo que los sorprendieron en pleno encuentro apasionado. Adalés subía a la torre, hacía señales de humo y unos minutos después Abdalà aparecía dispuesto a colmarla de amor. Así eran sus encuentros semanales.

Su hermano, Bremon, que fue el que los sorprendió, enfureció. Abdalà se le escapó pero la hermana no. La condenó a vivir en una celda situada en la misma torre donde tenían lugar sus encuentros. Una celda diminuta que no recibía más luz que la que penetraba por un agujero cuadrado atravesado por dos barras de hierro. Al parecer no fue suficiente para el malvado hermano porque al castigo añadió una dieta de pan y agua que le llegaba de la mano de un sirviente mudo y ciego —para rematar la incomunicación—.

¿Qué pasó? Sencillo. Abdalés murió al cabo de un año. Lo normal en estos casos. La incomunicación, la desnutrición y la pena se la llevaron. Pero antes de marchar dejó un regalito en la puerta de madera de su celda; una cruz tallada con sus uñas en señal de su fe. Lo que no se ha interpretado aún es el tipo de fe a la que quería hacer referencia.

¡Ay! Bremon… El día que decide visitar a su hermana para liberarla de su condena y se la encuentra muerta…»

Pero no acaba ahí. Dicen que el alma de estos dos incomprendidos aún sigue vagando por la torre del castillo, más conocida en la actualidad como «la torre de la Minyona».
Y la parte más morbosilla se sitúa en el parador de turismo que alberga hoy parte del castillo. Concretamente en el ala oeste de la séptima planta, habitación 712. Son muchos los que se han alojado allí, atraídos por la belleza del castillo, los que afirman haber sentido su presencia a través de fenómenos que no tienen explicación. El parador ha decidido cerrarla debido a las quejas y solo la abre a petición de aquellos que no tienen manía alguna. Los más osados.
Maite Ruíz Sarmiento