martes, 31 de julio de 2018

Teoría y práctica sobre los principios mecánicos del sexo



Cuando después de una cena de amigos se quedan a solas con la pareja del otro, se pondrán a prueba el amor, la fidelidad y el sexo. En teoría, todos tenemos ciertas cuestiones resueltas, pero la práctica demuestra que el ser humano es débil y a la vez terriblemente manipulador.
Daniel y Virginia viven en Barcelona y han aprovechado el fin de semana para visitar a Carlos y a Marta en Madrid. Ellos son viejos amigos, y ellas sus novias desde hace varios años. El domingo por la noche, después de cenar, Carlos se ofrece para llevar a Virginia al aeropuerto ya que el lunes a primera hora tiene que estar en Barcelona trabajando. En cambio Daniel tiene planeado quedarse una noche más en casa de sus amigos.
Cuando se queden a solas, Daniel descubrirá que Marta tiene en mente una charla que devendrá en una creciente lucha de poder. Lo que Marta desconoce es que Daniel también guarda ciertos secretos que pueden no favorecerla.
Por otro lado en el garaje, Carlos y Virginia también tendrán una conversación postergada que puede traer muchos cambios a la dinámica, aparentemente cómoda, que mantienen.
En estas dos situaciones, el amor, la fidelidad y el sexo serán los temas principales. Porque es cierto que en teoría, todos tenemos ciertas cuestiones resueltas, pero la práctica demuestra que el ser humano es débil y a la vez terriblemente manipulador.
Solo serán necesarios un salón y un garaje para contar esta historia que no pretende ser moral, pero que sí hará que los cuatro personajes aprendan una lección.

Con este argumento y la seguridad de que me iba a reír por lo que había visto en el vídeo de promoción, me dirigí al Teatro Lara el pasado viernes 27 de julio.

El Teatro Lara fue inaugurado en 1880, durante el reinado de Alfonso XII y no existía ni la electricidad ni el Metro ni la Gran Vía.

En la actualidad se mantiene la sala principal «Cándido Lara», pero se ha abierto otra sala que ocupa una parte del vestíbulo original la «Lola Membrives» en la mejor muestra del llamado «teatro off», que convierte el teatro en una representación cercana y, por supuesto, mucho más asequible.


Teoría y práctica sobre los principios mecánicos del sexo escrita por Miguel Ángel Cárcano y dirigida por César Oliver, cuenta con cuatro magníficos actores en escena: el propio César Oliver, Laura Mas, Cristobal Araque y Marta Escurín.
Reciben a los espectadores con una amplia sonrisa y nos invitan a Lacasitos y patatas fritas.
Con una puesta en escena sencilla, que ellos mismos se encargan de trasformar en un segundo decorado, se presentan ante el público y, durante setenta y cinco minutos, nos hacen reír y reflexionar. Se habla de sexo sin dar ningún rodeo y, precisamente por eso, no resulta ni soez, ni vulgar, y nos lleva al trasfondo de las relaciones de pareja, lo que se cuenta, lo que se sabe, lo que se calla.
Al final de la obra el director aplaude al quinto actor, el público. Os invito a formar parte de este elenco, disfrutaréis de una tarde o noche diferente en este verano madrileño.
Almudena Gutiérrez


viernes, 27 de julio de 2018

Tiempo de arena de Inma Chacón


Conocí a Inma Chacón en un encuentro de autoras y me pareció una mujer encantadora. No había leído nada de ella, y pensé que si escribía la mitad de bien que hablaba, merecía la pena conocer su obra. Tiempo de arena es uno de esos libros pendientes que nunca lees, y esta era una buena ocasión.

Resumen
En el lecho de muerte, María Francisca, miembro de una noble familia de Toledo, clama desesperadamente por sus hijos. La tensión es enorme: nadie de los presentes conocía que la joven hubiera tenido descendencia. Su madre niega sus palabras, pero sus tías no dejarán de preguntarse qué hay de verdad en ellas. Comienza así una apasionante inmersión en la historia de las mujeres Camp de la Cruz, Mariana, Munda y Alejandra, herederas de un hacendado español, y de sus irreconciliables diferencias vitales en la búsqueda de la felicidad. La masonería femenina, la lucha por la igualdad y la tradición frente a la modernidad a finales del siglo XIX y principios del XX son algunos de los temas que jalonan este relato apasionante que no dejará indiferente a ningún lector.

Mi opinión
Una historia que me ha gustado desde la primera página. Se desarrolla en una época sobre la que he leído poco y nos plantea la historia de una familia formada únicamente por mujeres, en la que los hombres tan solo son personajes secundarios, aunque todos tengan una gran importancia en las diferentes tramas que se abren y que quedan magníficamente cerradas en el desenlace.
La tutela de la que dependían las mujeres, primero de sus padres y después de sus maridos, las primeras universitarias, las grandes manifestaciones por el voto, la masonería, las antiguas colonias españolas, la presencia dominante de la religión, el amor, el odio, la venganza, todo cabe en esta compleja trama.
Inma Chacón nos muestra, una y otra vez, como las decisiones de una persona afectan, para bien o para mal, a los que la rodean, todo está conectado en una extraña tela de araña. Dos hermanas con unas formas de pensar, de ver la vida y de vivirla, totalmente antagonista y una tercera siempre en medio, aunque sea la pequeña en edad.
La forma de narrar, sin que en ningún momento el lector se sienta perdido, aunque haya continuos viajes al pasado y muchísimos datos históricos, es impecable.


Me he estremecido, he sentido rabia y me he emocionado en una lectura difícil de olvidar.
Al contrario de lo que suele ocurrir, primero he conocido a la autora y después su novela, pero desde luego me ha gustado tanto como para seguir leyendo toda su obra.

Si queréis conocer un poco más a la autora, me concedió una entrevista que ha sido publicada en el número 9 de la Revista Pasar Página.
Almudena Gutiérrez

miércoles, 11 de julio de 2018

Aquello que fuimos de Pilar Muñoz


NUNCA SUBESTIMES UNA DECISIÓN, POR INSIGNIFICANTE QUE PAREZCA. EL RUMBO DE TU VIDA PODRÍA DEPENDER DE ELLA.
Son incontables las veces en que parecemos tener claro quién es víctima y quién verdugo; a quién hemos de salvar y a quién culpar sin ninguna contemplación, a pesar de contar con elementos mínimos, los que nos brinda el hecho de ser testigos de un único suceso puntual, sin ahondar en nada más. No reparamos entonces en la probable conjunción de ambos papeles, ni siquiera en su alternancia dentro de un mismo ser. Como tampoco reparamos en la triste realidad de que cualquiera de nosotros, y en cualquier momento, puede dejar víctimas a su paso sin pretenderlo, incluso aquel que siempre juró que jamás dañaría a nadie.
Esta historia no habla de crímenes ni venganzas. Habla de decisiones, trascendentes o intrascendentes, cobardes o valientes, que no solo condicionan nuestra vida, sino la de aquellos que habitan a nuestro alrededor. Decisiones y acciones que truncan el camino de los inocentes hasta convertirlos en culpables, para luego enjuiciarlos moral y legalmente como si todo, absolutamente todo, fuera producto exclusivo de su voluntad.
Pero... ¿en realidad es así?

Resumen

En plena juventud y tras cuatro años de ausencia, Blanca regresa a su Málaga natal arrastrando una maleta y un pasado que no sabe si podrá afrontar.
En otro punto de la ciudad, un año más tarde, Víctor recibe una llamada de teléfono en relación con Fuensanta, su madre, que pondrá su vida en jaque dejando al descubierto una estela de engaños en la que todos se verán implicados, hasta descubrir una oscura verdad.
Vidas con diferente origen, fuertemente marcadas por decisiones propias o ajenas de aparente insignificancia. Futuros rotos que requerirán un máximo de valor, fuerza y coraje para poderlos superar.

Mi opinión:

Antes de que esta novela se publicase ya sabía que me iba a gustar, porque Pilar no escribe con palabras si no con sentimientos, ya sé que me repito, pero es la verdad, me lo ha demostrado con sus novelas anteriores y con sus relatos.
En esta última, los sentimientos que relata son tan fuertes, en ocasiones tan duros, que hay que saber hacerlo muy bien para que el lector se meta en la piel de cada uno de sus personajes. El amor entre madres e hijos, incondicional aun cuando no queramos reconocerlo y nos pongamos una coraza. El amor de pareja, tan dañino algunas veces, que nos pone una venda en los ojos para ocultar el egoísmo del otro. El amor fraternal, que no siempre se fragua conviviendo. Y, por supuesto, el amor del amigo, esa otra clase de amor, tan necesario en el ser humano.
No estamos, ni mucho menos, ante una novela de amor. Muy al contrario, es una novela dura, cruda, en la que la autora ha plasmado con maestría temas muy actuales que no voy a enumerar porque se deben ir descubriendo con la lectura.
Blanca y Fuensanta, dos mujeres contando su historia, dos historias paralelas que nos van envolviendo, del presente al pasado, para ir entendiendo todo, lo que ocurrió entonces, las decisiones que tomaron y que han conformado sus vidas y la de los seres que las rodean. También está Víctor, el tercer protagonista, que comienza siendo un poco insulso, para ganarse al lector, poco a poco.
Y luego están los secundarios, esos personajes tan importantes que sin ellos no habría historia y de los que tengo que destacar a Herminia. He sufrido con ella, he llorado con ella, he oído su ¡Ay, niña!, como un quejido, me ha encantado; siempre que piense en esta novela recordaré a esta abuela tan especial.
Poco más puedo deciros, que es buenísima, que todo va encajando a la perfección y que cierra el final con una superluna que nos deja plenamente satisfechos.
Solo me queda invitaros a leerla con la seguridad de que no os defraudará.
Almudena Gutiérrez

viernes, 6 de julio de 2018

Codex Gigas



No hace mucho leí Codex Gigas de Óscar Sánchez Fernández, reseñada en el número 6 de la Revista Pasar Página y me pareció muy curiosa la historia de este libro, máxime cuando iba a viajar a Estocolmo y tenía la posibilidad de hacer una visita a la Biblioteca Nacional en la que se guarda.
Os diré que no me ha resultado fácil porque la Biblioteca tiene unos horarios muy restringidos, los sábados solo abre tres horas y los domingos permanece cerrada. Aún así, busqué un hueco el viernes a primera hora, antes de iniciar las rutas por las zonas turísticas, ésta no lo es, y me acerqué a este edificio que me encantó. Está en medio de un parque muy bien cuidado y se respira tranquilidad.
Para acceder hay que dejar en taquilla todo lo que lleves encima, aunque te permiten pasar el móvil para hacer fotografías sin flash.
Tuvimos que bajar al tercer sótano para llegar a la sala en la que se encuentra la cámara acorazada en la que guardan este tesoro. Comparte espacio con mesas de estudio y muchas personas consultando libros o documentos, tanto en papel, como en formato digital.
El libro está cerrado dentro de una gran urna pero lo han digitalizado por lo que puedes admirar sus páginas, una a una, a tamaño natural. Es una obra de arte, sus dibujos, sus letras capitales, sus colores, toda su estética. La famosa pintura del diablo da un poco de risa, parece un muñeco con pañal.

¿Conocéis su historia?

Es una Biblia de 624 páginas en pergamino,  con unas dimensiones de 92 x 50,5 x 22 cm y un peso de 74 kilos, lo que la convierte en el manuscrito medieval más grande conocido. La escribió el monje benedictino Herman, en un monasterio de Podlazice (República Checa), a principios del siglo XIII, como castigo por haber traicionado sus votos. La leyenda cuenta que se ofreció a escribirla en una sola noche,  y al darse cuenta de que sería incapaz de conseguirlo hizo un pacto con el diablo, que le ayudó exigiendo quedar inmortalizado con una pintura en la propia obra.
Los estudiosos afirman que el monje habría tardado entre cinco y veinticinco años (no se han puesto de acuerdo), en escribir el magnífico libro, recluido en una celda.



Quedan todavía varias preguntas sin contestar, como que se haya demostrado que la tinta utilizada es siempre la misma, lo que implicaría que se escribió en no más de 72 horas y que no se encuentren señales de cansancio en la escritura, en ninguna de las páginas. Misterios sin resolver que hacen todavía más interesante visitar y admirar este libro que está en Suecia desde que, hace más de tres siglos, fuese tomado por un militar sueco como botín en la Guerra de los Treinta Años.
Si vais a Estocolmo, no dejéis de visitarlo.
Almudena Gutiérrez

domingo, 1 de julio de 2018

PASAR PÁGINA NÚMERO 9



Un paseo con Galdós



Hace unos días os hice un pequeño resumen sobre la ruta guiada que había hecho sobre la vida de Galdós. Ahora lo he ampliado y se ha publicado en el número 9 de la Revista Pasar Página. Como omití el cartel en el que figuraban todos los patrocinadores, no quiero dejar de mencionarlos aquí.




Nos encontramos con don Benito una soleada mañana en el Centro Cultural de la Villa, en la plaza de Colón. En una exposición fotográfica que hay en el vestíbulo, podemos observar el Madrid que conoció el escritor al llegar a la capital, cuando este espacio estaba ocupado por La Solana, la Huerta de San Felipe Neri. Aquí se acababa la ciudad, en la Puerta de Recoletos.
Benitín, así le llamaban en casa, dejó Las Palmas de Gran Canaria, su ciudad natal, cuando «mamá Dolores», su madre, quiso alejarle de amoríos poco convenientes y le envió a estudiar a la capital. Siempre conservó su relación con Canarias y mantuvo el ceceo toda su vida. El joven que llegó a Madrid era apuesto, larguirucho, de mirada tímida, andares lentos y muy observador y se encontró con una ciudad en constante cambio que le enamoró y en la que se convirtió en un gran seductor.
Su primera residencia estuvo en la calle de Las Fuentes, en dónde el marqués de Florida Blanca, amigo de la familia, era su fiador. Le encantaba visitar la Puerta del Sol con su fuente Del Chorro con agua de Lozoya del recién inaugurado Canal de Isabel II y El Ateneo, que se encontraba en la calle Montera. Aunque se matriculó en la Universidad Central, su verdadera universidad fue la calle.

Desde la calle Serrano, observamos dos puntos que coinciden con dos casas en las que habitó, la de la propia calle Serrano y la de la plaza de Colón en el lugar en el que hoy están las torres de Colón. En ellas vivió muchos años, siempre acompañado de sus hermanas, sobre todo de Concha, de su madrina y cuñada, cuando ésta enviudó, de dos periquitos, un loro, muchos cachivaches que acumulaba y un piano.
Nunca necesitó casarse, como él mismo reconoció, pero vivió acompañado de mujeres, llegando a decir que sin mujeres no podía existir el arte.
Amó a muchas a lo largo de su vida, pero con todas acabó bien sus relaciones, ayudándolas para que no pasaran necesidades. Si era modistilla, la compraba una máquina de coser, si era actriz, la procuraba un papel en una buena obra y, si era necesario, la pasaba una pensión para mantenerla, lo que le llevó a la ruina económica en más de una ocasión.
Una en especial, fue su gran amor: Emilia Pardo Bazán. La conoció dando ella una conferencia en el Ateneo. fue la primera mujer en hablar en este insigne lugar. La escritora se fijó en un periodista larguirucho que intentaba sin éxito cruzar sus piernas. Se enamoraron —“hemos cumplido un sueño, mi quiño adorado”— diría de él en una de las cartas que se conservan y vivieron una apasionada historia que duró varios años. Juntos viajaron a París, a la Exposición Universal y allí ella le fue infiel con Lázaro Galdiano, confesándoselo poco después. Don Benito no pudo perdonarla, aunque ella le insistió que había sido “un error momentáneo de los sentidos, fruto de las circunstancias imprevistas”.
Galdós tuvo el privilegio de vivir en primera persona grandes acontecimientos sobre los que después escribía. Y lo que no había vivido, se lo narraba su amigo y cronista de la época Mesonero Romanos o buscaba las fuentes que se lo contasen. Así buscó al grumete Galán, superviviente de la batalla de Trafalgar, primero de sus Episodios Nacionales. Porque cuando él salía a pasear, siempre decía “Vamos a ver la historia de España”, y luego lo plasmaba en papel, siendo el escritor más prolífico de nuestra literatura si sumamos sus novelas, sus artículos periodísticos, sus discursos políticos y sus obras de teatro.
En su obra reflejó todos los tipos de mujeres existentes, desde Doña Perfecta, basada en su propia madre, hasta sus famosas Fortunata y Jacinta. Puso en boca de sus protagonistas fuerza y libertad por lo que hoy se le considera un feminista.

El concurrido Parque del Retiro, muy diferente al que Don Benito conoció, pero con el mismo encanto, es un buen lugar para hablar de Electra, la obra de teatro que marcó un antes y un después en la dramaturgia de la época. Su estreno ayudó a derrocar un gobierno y a crear un grupo inmortal.
En boca de todo Madrid estaba el Caso Ubao, que había llegado al Supremo y cuyos demandantes estaban representados por dos abogados muy conocidos, Salmerón y Maura.  La familia de una joven, defendida por Salmerón, demandaba a ésta, defendida por Maura, por la decisión de ingresar en un convento tras recibir ejercicios espirituales por parte de un jesuita. Este proceso coincidió en el tiempo con el estreno de Electra que contaba una historia que se podía asemejar, aunque Galdós nunca nombró a los jesuitas.
En el patio de butacas se encontraban Pío Baroja, Azorín, Ramiro de Maeztu y Valle Inclán. En un momento dado Ramiro de Maeztu gritó “fuera los jesuitas”, lo que encendió al público y convirtió el estreno en una exaltación social. Manifestaciones, artículos periodísticos, críticas, dieron lugar a que unos meses después el gobierno se viese obligado a dimitir.
Por otra parte, el grupo de escritores que allí estaban reunidos decidieron fundar una revista cuyo primer número prologó el propio Galdós y que fue el comienzo de la llamada Generación del 98.
A Don Benito le hizo mucho daño este acontecimiento, le catalogaron de anticlerical y durante la dictadura fue un autor renegado, menor. Es ahora, en el siglo XXI, cuando se ha vuelto a leer, a hablar de su vida y a encumbrarle al lugar en el que se merece estar.

Nuestro paseo ha llegado a su fin y no podía ser en otro sitio que en el monumento que le inmortaliza en El Retiro. En esta escultura en piedra se plasma a un hombre viejo, sentado, con sus piernas cubiertas con una manta, cansado y ciego. No obstante pudo disfrutar del momento junto al escultor de la obra, Victorio Macho, al que conocía desde niño y que le llamaba cariñosamente abuelo.
Música y flores para homenajear a este gran escritor, han sido un bello broche final. Solo me queda invitaros a leer a don Benito Pérez Galdós.
Almudena Gutiérrez

(Ruta organizada por la Asociación Verde Viento, Emisora Escuela M21, Ayuntamiento de Madrid, Fernán Gómez Centro Cultural de la Villa e Historia Urbana de Madrid)