Hace unos días os hice un pequeño resumen sobre la ruta guiada que había hecho sobre la vida de Galdós. Ahora lo he ampliado y se ha publicado en el número 9 de la Revista Pasar Página. Como omití el cartel en el que figuraban todos los patrocinadores, no quiero dejar de mencionarlos aquí.

Benitín, así le
llamaban en casa, dejó Las Palmas de Gran Canaria, su ciudad natal, cuando
«mamá Dolores», su madre, quiso alejarle de amoríos poco convenientes y le
envió a estudiar a la capital. Siempre conservó su relación con Canarias y mantuvo
el ceceo toda su vida. El joven que llegó a Madrid era apuesto, larguirucho, de
mirada tímida, andares lentos y muy observador y se encontró con una ciudad en
constante cambio que le enamoró y en la que se convirtió en un gran seductor.
Su primera
residencia estuvo en la calle de Las Fuentes, en dónde el marqués de Florida
Blanca, amigo de la familia, era su fiador. Le encantaba visitar la Puerta del
Sol con su fuente Del Chorro con agua de Lozoya del recién inaugurado Canal de
Isabel II y El Ateneo, que se encontraba en la calle Montera. Aunque se
matriculó en la Universidad Central, su verdadera universidad fue la calle.

Amó a muchas a
lo largo de su vida, pero con todas acabó bien sus relaciones, ayudándolas para
que no pasaran necesidades. Si era modistilla, la compraba una máquina de
coser, si era actriz, la procuraba un papel en una buena obra y, si era
necesario, la pasaba una pensión para mantenerla, lo que le llevó a la ruina
económica en más de una ocasión.

Galdós tuvo el
privilegio de vivir en primera persona grandes acontecimientos sobre los que
después escribía. Y lo que no había vivido, se lo narraba su amigo y cronista
de la época Mesonero Romanos o buscaba las fuentes que se lo contasen. Así
buscó al grumete Galán, superviviente de la batalla de Trafalgar, primero de
sus Episodios Nacionales. Porque
cuando él salía a pasear, siempre decía “Vamos a ver la historia de España”, y
luego lo plasmaba en papel, siendo el escritor más prolífico de nuestra
literatura si sumamos sus novelas, sus artículos periodísticos, sus discursos
políticos y sus obras de teatro.

El concurrido
Parque del Retiro, muy diferente al que Don Benito conoció, pero con el mismo
encanto, es un buen lugar para hablar de Electra,
la obra de teatro que marcó un antes y un después en la dramaturgia de la
época. Su estreno ayudó a derrocar un gobierno y a crear un grupo inmortal.

En el patio de
butacas se encontraban Pío Baroja, Azorín, Ramiro de Maeztu y Valle Inclán. En
un momento dado Ramiro de Maeztu gritó “fuera los jesuitas”, lo que encendió al
público y convirtió el estreno en una exaltación social. Manifestaciones,
artículos periodísticos, críticas, dieron lugar a que unos meses después el
gobierno se viese obligado a dimitir.
Por otra parte,
el grupo de escritores que allí estaban reunidos decidieron fundar una revista
cuyo primer número prologó el propio Galdós y que fue el comienzo de la llamada
Generación del 98.
A Don Benito le
hizo mucho daño este acontecimiento, le catalogaron de anticlerical y durante
la dictadura fue un autor renegado, menor. Es ahora, en el siglo XXI, cuando se
ha vuelto a leer, a hablar de su vida y a encumbrarle al lugar en el que se
merece estar.

Música y flores
para homenajear a este gran escritor, han sido un bello broche final. Solo me
queda invitaros a leer a don Benito Pérez Galdós.
Almudena
Gutiérrez
(Ruta organizada
por la Asociación Verde Viento, Emisora Escuela M21, Ayuntamiento de Madrid, Fernán Gómez Centro Cultural de la Villa e Historia Urbana de Madrid)
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