miércoles, 11 de julio de 2018

Aquello que fuimos de Pilar Muñoz


NUNCA SUBESTIMES UNA DECISIÓN, POR INSIGNIFICANTE QUE PAREZCA. EL RUMBO DE TU VIDA PODRÍA DEPENDER DE ELLA.
Son incontables las veces en que parecemos tener claro quién es víctima y quién verdugo; a quién hemos de salvar y a quién culpar sin ninguna contemplación, a pesar de contar con elementos mínimos, los que nos brinda el hecho de ser testigos de un único suceso puntual, sin ahondar en nada más. No reparamos entonces en la probable conjunción de ambos papeles, ni siquiera en su alternancia dentro de un mismo ser. Como tampoco reparamos en la triste realidad de que cualquiera de nosotros, y en cualquier momento, puede dejar víctimas a su paso sin pretenderlo, incluso aquel que siempre juró que jamás dañaría a nadie.
Esta historia no habla de crímenes ni venganzas. Habla de decisiones, trascendentes o intrascendentes, cobardes o valientes, que no solo condicionan nuestra vida, sino la de aquellos que habitan a nuestro alrededor. Decisiones y acciones que truncan el camino de los inocentes hasta convertirlos en culpables, para luego enjuiciarlos moral y legalmente como si todo, absolutamente todo, fuera producto exclusivo de su voluntad.
Pero... ¿en realidad es así?

Resumen

En plena juventud y tras cuatro años de ausencia, Blanca regresa a su Málaga natal arrastrando una maleta y un pasado que no sabe si podrá afrontar.
En otro punto de la ciudad, un año más tarde, Víctor recibe una llamada de teléfono en relación con Fuensanta, su madre, que pondrá su vida en jaque dejando al descubierto una estela de engaños en la que todos se verán implicados, hasta descubrir una oscura verdad.
Vidas con diferente origen, fuertemente marcadas por decisiones propias o ajenas de aparente insignificancia. Futuros rotos que requerirán un máximo de valor, fuerza y coraje para poderlos superar.

Mi opinión:

Antes de que esta novela se publicase ya sabía que me iba a gustar, porque Pilar no escribe con palabras si no con sentimientos, ya sé que me repito, pero es la verdad, me lo ha demostrado con sus novelas anteriores y con sus relatos.
En esta última, los sentimientos que relata son tan fuertes, en ocasiones tan duros, que hay que saber hacerlo muy bien para que el lector se meta en la piel de cada uno de sus personajes. El amor entre madres e hijos, incondicional aun cuando no queramos reconocerlo y nos pongamos una coraza. El amor de pareja, tan dañino algunas veces, que nos pone una venda en los ojos para ocultar el egoísmo del otro. El amor fraternal, que no siempre se fragua conviviendo. Y, por supuesto, el amor del amigo, esa otra clase de amor, tan necesario en el ser humano.
No estamos, ni mucho menos, ante una novela de amor. Muy al contrario, es una novela dura, cruda, en la que la autora ha plasmado con maestría temas muy actuales que no voy a enumerar porque se deben ir descubriendo con la lectura.
Blanca y Fuensanta, dos mujeres contando su historia, dos historias paralelas que nos van envolviendo, del presente al pasado, para ir entendiendo todo, lo que ocurrió entonces, las decisiones que tomaron y que han conformado sus vidas y la de los seres que las rodean. También está Víctor, el tercer protagonista, que comienza siendo un poco insulso, para ganarse al lector, poco a poco.
Y luego están los secundarios, esos personajes tan importantes que sin ellos no habría historia y de los que tengo que destacar a Herminia. He sufrido con ella, he llorado con ella, he oído su ¡Ay, niña!, como un quejido, me ha encantado; siempre que piense en esta novela recordaré a esta abuela tan especial.
Poco más puedo deciros, que es buenísima, que todo va encajando a la perfección y que cierra el final con una superluna que nos deja plenamente satisfechos.
Solo me queda invitaros a leerla con la seguridad de que no os defraudará.
Almudena Gutiérrez

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