Quiero en primer lugar pedir perdón a mi ilustre
personaje por mi osadía al entrevistarlo, porque el personaje de hoy no es
cualquiera. Hoy tengo a mi lado nada más y nada menos que a Don Miguel de
Cervantes Saavedra, Príncipe de los Ingenios, a quien quiero agradecer su
presencia.
Carmen Martin
Audouard ― Don Miguel muchísimas, muchísimas gracias por aceptar esta entrevista
que ya le advierto será parca en las preguntas, pues me parece que es usted el
que tiene que hablar mientras yo escribo.
Miguel de Cervantes Saavedra ― Trataré de no
dejarla en mal lugar.
CMA ― Don
Miguel, usted nació en 1547 en Alcalá de Henares cerca de Madrid. Corren
rumores de que trato de hacer tangibles que era cristiano viejo ¿es cierto?
MdCS ― Bien, vayamos por partes. En aquellos años Alcalá
ya era una villa importante y antigua, tenga en cuenta que allí habitaron
romanos, árabes y judíos, y en el S XIV fue una población emergente debido a
las transacciones y al mercado comarcal, lo que hizo crecer la población. La
judería y la morería de Alcalá fueron de las más notables de Castilla, y en ese
mismo siglo tuvieron lugar en la ciudad Las Cortes de Castilla que, aunque menos significativas que las de
las instituciones similares, en la Corona de Aragón con las Cortes de Aragón, Catalanas
y Valencianas, fueron enormemente importantes. Se
concedía a la oligarquía urbana de ciertas ciudades el «voto en Cortes» y
supusieron la renovación periódica de la relación política entre rey y reino. Si
a todo eso le unimos que, en 1499 el cardenal Don Francisco Jiménez de Cisneros
fundó la Universidad, Alcalá era una villa, efectivamente muy importante.
Nunca pude demostrar mi limpieza de sangre, aunque
es cierto que mi abuelo paterno fue familiar de la Inquisición, sin olvidar que
mi abuela perteneció a una familia de médicos cordobeses lo que hace pensar que
pude tener alguna «raza» de confeso, e incluso a mi padre Don Rodrigo, que fue
un cirujano itinerante suscito sospechas de ser un converso.
CMA ― Fue el
tercero de cinco hijos y en 1566 recién instalada la corte en Madrid se va a
vivir allí con su familia, usted ya tenía diecinueve años, lo que en aquella
época le hacía ser, no ya un muchacho, sino un hombre. ¿Pensó que en Madrid tendría
más oportunidades?
MdCS ― En el mes de junio de 1561 S.M. el Rey
nuestro señor Don Felipe II, que Dios guarde, había trasladado la Corte a
Madrid desde Toledo. Se dieron varias razones para ello: tratar de contentar a
Doña Isabel de Valois, que se asfixiaba dentro del alcázar toledano y era
realmente insistente con su esposo para salir de allí, y después, alejar la
corte de la influencia del Arzobispo
Bartolomé de Carranza, quien a pesar de haber sido premiado por Don
Felipe II con el arzobispado, sorprendió por su forma de ejercer la caridad,
gastando cantidades ingentes de ducados en redimir cautivos, casar huérfanas,
dar estudio a los pobres, atender a los presos y dar limosnas a los hospitales.
Todo esto y el que, en cualquier causa promovida por la Inquisición, el nombre
de Don Bartolomé era invocado como defensor, con más frecuencia de la deseada
por sus enemigos, hizo que el inquisidor Fernando Valdés comenzara a instigar
la forma de poder procesar al Obispo. Todo esto trajo la consecuencia, de que
Madrid se convirtiera en el centro político de la monarquía, lo que supuso que
tres años después, yo iniciara mi carrera como escritor, contando con el
aprecio y amistad de Don Juan López de Hoyos, que ostentaba el cargo de rector
del Estudio de la Villa.
CMA ― ¿Qué
le llevó a tomar la carrera de las armas?
MdCS ― Mi hermano Rodrigo militaba en la compañía
de Diego de Urbina, y en aquel momento la Armada de la Santa Liga, al mando de
Don Juan de Austria, tiene la intención de hacer frente a los turcos, defender
Chipre y luchar contra los infieles.
CMA ― ¿Qué
supuso para usted Lepanto? Se dice que allí usted combatió muy valientemente,
que incluso con una importante calentura prefería morir luchando por Dios y por
su Rey que apartarse de la cubierta, siendo destinado al esquife situado en la
popa de la nave, un lugar de los más peligrosos dentro del barco.
MdCS ― Como usted sabrá, Lepanto o Naupacto, era
una bella ciudad que daba nombre al Golfo situado a su vez al norte del Golfo
de Corinto. La ciudad ya era conocida por los mitos de Heracles, donde se
menciona que ese semidiós construyó una flota, para acometer la invasión del
Peloponeso, siendo el mismo lugar donde se desarrolló la batalla entre
atenienses y espartanos, durante la conocida como Guerra del Peloponeso. Es la
zona donde tuvo lugar la batalla naval que lleva su nombre entre la Santa Liga,
compuesta por España, Venecia, los Estados Papales y Génova, contra el Imperio
Otomano, siendo un sitio con multitud de arrecifes. Había embarcado en la
galera Marquesa, y mi recuerdo de
aquel lugar nunca fue bueno, recibí dos disparos de arcabuz en el pecho y un
tercero en la mano izquierda que me la dejó inútil, aunque tuve la suerte de no
perderla y aguantar junto con mis compañeros, hasta la llegada de Don Álvaro de
Bazán, que desde la retaguardia reforzó los puntos críticos de la batalla. Pero
siempre me he sentido orgulloso de que mi manquedad no nació en una taberna,
sino en una de las glorias más grandes que tuvo España. Y como evoque contra
Avellaneda «Si mis heridas no resplandecen en los ojos de quien las mira, son
estimadas, a lo menos, en la estimación de los que saben dónde se cobraron; que
el soldado más bien parece muerto en la batalla que libre en la fuga, y es esto
en mi de manera, que si ahora me propusieran y facilitaran un imposible,
quisiera antes haberme hallado en aquella facción prodigiosa que sano ahora de
mis heridas sin haberme hallado en ella». Esto es para mí Lepanto.
CMA ― Estuvo
al borde de la muerte y cayó preso de los turcos.
MdCS ― Fui preso en Argel, enorme prisión para muchos cientos de los nuestros,
allí encabecé una fuga que resultó frustrada; no desistí, volviendo a escapar,
pero quiso Dios que un renegado revelara mi escondite, y de nuevo estuve preso,
hasta que se efectuó por parte de unos sacerdotes trinitarios el pago de los
quinientos ducados que valía mi libertad.
CMA ― Si le
parece dejamos las guerras y hablamos de mujeres, de sus mujeres. Usted fue un
gran amante de la libertad pero no solo para usted sino también para las
mujeres. Las quería libres, poderosas y elocuentes ¿Me equivoco?
MdCS ― En absoluto. Siempre ha sido para mí el
mejor don. Si usted ha leído El Quijote, sabrá que hay una charla entre Alonso
Quijano y su escudero Sancho, donde aquel le dice «La libertad, Sancho, es uno
de los más preciados dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no
pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre, por la
libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida…» En otras de
mis obras ellas pronuncian discursos que deberían recordarse para siempre, en
defensa de la libertad para las mujeres, que normalmente tienen un gran don de
la palabra.
Mis hermanas me hicieron ver el rechazo al
matrimonio por obligación. Ellas vivieron relaciones de libertad con hombres de
gran prestigio, con los que nunca se casaron, incluso Marcela, huye del matrimonio y de sus pretendientes haciéndose
pasar por pastora para vivir en libertad, y qué decir de La Gran Sultana donde Doña Catalina reivindica su derecho a la libertad
religiosa o La Gitanilla, que cuando
es vendida a un caballero, se enfrenta a comprador y vendedores mientras les
dice: «Estos señores bien pueden entregarte mi cuerpo; pero no mi alma, que es
libre y nació libre, y ha de ser libre en tanto que quisiere…» Y por último
quiero decirle que tuve una hija, Isabel, a la que también quise libre, y que
al ser su madre mujer casada, no puede darle mi apellido y tuvo que llevar los del
marido de su madre, cosa que me contrarió bastante.

CMA ― Nadie
lee desde hace muchísimos años libros de caballería, sin embargo, su gran
creación, El Ingenioso Hidalgo Don Quijote
de la Mancha, ha sobrevivido hasta convertirse en una obra de obligada
lectura. ¿Por qué cree que ha sido esto?
MdCS ― Las modas son cambiantes y quizás algún día
vuelva a ponerse de moda algo parecido a los libros de caballería, pero
respondiendo a su pregunta, no escribí El
Quijote pensando en que era una obra magistral, sino poniendo mi
sentimiento y mi reflexión. Quizás quise ser como Alonso Quijano, o tal vez
quise demostrar que, pase lo que pase, siempre hay que luchar contra los
gigantes o, simplemente creer que debemos vivir nuestra vida, haciendo lo que
deseamos, pero siempre con dignidad y creyendo en nosotros mismos. Yo como es
lógico conocía a fondo los libros de caballería como Amadis de Gaula, que pese a no haber existido nunca se le daba por
real. En El Quijote trate de criticar
esos libros que tanto odiaban los moralistas y padres de familia, hasta el
punto de pedir su prohibición por considerarlos un ataque a la moral, debido a
su sensualidad y su aceptación, entre otras cosas, de las relaciones
prematrimoniales, los juramentos ante Dios de considerarse matrimonio sin la
presencia de un cura sancionador. Particularmente no eran de mi interés, me
parecían lascivos y eróticos.
CMA ― ¿Por qué
Sancho un agricultor, en lugar de un joven escudero?
MdCS ― Sancho no es un escudero es como usted bien
dice, un pobre labrador, con pocas entendederas, de racionamiento llano y simple
pero la más de las veces tremendamente sensato, poco amigo de los líos y un
compañero leal, a pesar de su glotonería, de su lascivia y de su falta de
conocimiento, todo ello lo suple con una gran sabiduría popular, convirtiéndose
en la voz de la razón. Sancho es egoísta y generoso, sólo espera enriquecerse
que es su fin en el mundo, quiere satisfacer a su mujer y si la puede hacer
gobernadora de una ínsula, miel sobre hojuelas.
CMA ― ¿Ha
sido El ingenioso hidalgo Don Quijote de
la Mancha su mejor obra?
MdCS ― Mi mejor obra y la más querida fue La Galatea. El género pastoril fue mí
favorito, pero si hay que clasificarlas, después, sin duda, iría El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la
Mancha.
CMA ― Sería
interminable hablar de su obra, pero si le agradecería, que nos explicara el
amor de Don Quijote por Dulcinea.
MdCS ― Creo que ese amor que siente por Dulcinea,
que ni se llama así, ni es como el la ve, demuestra la ceguera del enamorado.
Yo presentaba a Aldonza como lo que es: labradora, un poco sucia, ruda y no muy
agraciada. Él la idealiza, le cambia el nombre, la ve virtuosa, bella,
cultivada y hasta emperatriz de La Mancha. Eso es enaltecer a alguien cuando
estamos enamorados.
CMA―Por qué
nunca hemos visto un retrato suyo, y su rostro siempre ha sido pintado, a
través de las definiciones que de él se han encontrado escritas.
MdCS―Nunca fui coqueto, no tuve mucho tiempo y
además me abruma la fama.
CMA―Fue un
gran amante de la poesía, y si usted me lo permite, querría mostrarle una que
aparece en una zarzuela llamada El
Huésped del Sevillano del maestro Don Jacinto Guerrero, donde por cierto, usted
aparece hablando con Constanza, la que sería protagonista de su novela La ilustre fregona y declamando su maravillosa
poesía:
Pintura sobre pintura
Traiciones y encrucijadas
Misterio, amor, aventuras
Raptos, celos, cuchilladas
Las pasiones desatadas
En la noche suave
Mezcla admirable y extraña
Místicos y aventureros
Y poetas y guerreros
Es Castilla y es España
Al sonar de su campana
Sabe hablar al corazón
Con voces de tradición
La Catedral Toledana
Toledo solar hispano
Crisol de la raza Íbera
Dichoso aquel que naciera
Español y toledano
¡Oh Toledo si yo puedo!
Para tu honor y tu gloria
He de escribir una historia
En un mesón de Toledo
MdCS―La verdad es que no es mal sitio Toledo para
nacer, ni para morir.
CMA―Como es
lógico, desconoce que hoy, en pleno siglo XXI su figura representa la marca
España, siendo conocido en el mundo entero, y no es exageración, gracias a una
institución de fama mundial llamada Instituto Cervantes. Existen numerosas
estatuas suyas, una de ellas famosísima en Madrid en la que aparece usted con
Don Quijote y Sancho, ambos a lomos de Rocinante y del rucio, acompañados de
Dulcinea, y de una representación de La
Gitanilla, y es más, en una época no lejana tuvimos billetes que llevaron
su retrato, ah, y se me olvidaba mencionar la existencia de un premio
literario. Si decimos el Manco de Lepanto un noventa por ciento de la población
sabe de quién estamos hablando. ¿Seguro que nunca esperó pasar a la posteridad?
MdCS―No, nunca pensé que mi obra y mi nombre
llegaran a esas alturas, ya que me codee con grandes escritores como Lope de
Vega, aunque nuestra relación no fue precisamente buena, pero muchas gracias a
todos. ¿Sabe que cuando uno es recordado, nunca muere?
CMA―Usted no
morirá nunca Don Miguel. Muchísimas gracias por su asistencia ha sido un
auténtico placer poder hablar con usted.
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Carmen Martín Audouard
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Esta entrevista se publicó en el número
10 de la Revista Pasar Página.