domingo, 31 de octubre de 2021

CUARTO CUMPLEAÑOS

 


Estamos de cumpleaños, amigos lectores. Cumplimos cuatro añitos y seguimos aquí, a pesar de lo poco que confiaban en nosotros muchos de los que conocieron este proyecto desde el principio.

Muy lejos ya ese noviembre de 2017 en el que vio la luz el primer número, con otro nombre que en diciembre fue sustituido por el actual, el que nos representa, pasando página de todo lo que no estaba bien y queríamos mejorar.

Durante todos estos meses hemos crecido, hemos aprendido, nos hemos esforzado día a día. Hemos vivido la jubilación de nuestra fundadora, Mercedes Gallego Moro, la llegada del covid, que paralizó el mundo, pero que no consiguió echarnos para atrás, si uno estaba regular, otro le sustituía, porque somos, ante todo, un grupo de amigos, siempre dispuestos a ayudarnos, tanto en esta publicación, como en lo personal.

No me canso de dar las gracias desde este editorial a todo el equipo que dirijo con orgullo, porque no podría ser mejor, y a todos los colaboradores que, mes a mes o puntualmente, trabajan con nosotros para conseguir una publicación con una calidad digna de vosotros, esos lectores fieles que ahora os contáis por miles. Gracias por estar ahí, por leernos, por darnos ánimos, por compartir en redes y contarlo con el «boca a boca», que tan bien funciona siempre. Gracias a Blanca Miosi por ayudarnos a «cruzar el charco» y a Pegando la Hebra por ponernos voz cada mes. 

Gracias, gracias, gracias.

Almudena Gutiérrez


Editorial publicado en el número 45 de la Revista Pasar Página.


martes, 26 de octubre de 2021

«La hija de las mareas» de Pilar Sánchez Vicente


En el año 1820 Andrea Carbayo de Jovellanos, La Gabacha, hija de Gloria Carbayo, la Encantadora, y de Gaspar Melchor de Jovellanos, Jovino, escribe sus memorias para dejar constancia de las aventuras y desventuras que la llevaron al lugar donde se halla, perseguida por la intransigencia del inquisidor Valdés.

Reviviremos su infancia en Obiedo y viajaremos con ella a Oxford, donde, disfrazada de hombre, asistirá a la presentación de importantes descubrimientos para la Medicina actual. En París vivirá de cerca la Revolución con su inseparable Olympe de Gouges, volcándose en la lucha por los derechos de las mujeres y en su trabajo en la imprenta. Un oficio, el de impresora, que ejercerá también en Gixón a su regreso. Será entonces cuando conozca a su padre y disfruten ambos de fructíferos paseos por el arenal. Directora de una escuela para niñas desfavorecidas, fundará un periódico que desempeñará un papel clave durante la guerra de la Independencia. Este conflicto bélico, que asolará la región convirtiéndola en un escenario dantesco, conducirá a Jovellanos a la muerte, facilitando que Valdés culmine su venganza sobre ella.

Ilustrada, intelectual, tertuliana, escritora, traductora, maestra, feminista… Andrea fue una precursora en muchos aspectos, sin que ello impidiera que fuera borrada de la Historia, como otras tantas mujeres en toda época y lugar.

En el año 2021, cuando se cumplen 210 años de la muerte del ministro y prócer gijonés Gaspar Melchor de Jovellanos, la publicación de este manuscrito y el inesperado descubrimiento de una hija secreta agigantan la leyenda sobre tan ilustre personaje.

La autora:

Pilar Sánchez Vicente es documentalista y escritora. Licenciada en Geografía e Historia, trabaja como jefa del Servicio de Publicaciones, Archivos Administrativos y Documentación del Gobierno del Principado de Asturias. Es presidenta de la Asociación Profesional de Especialistas en Información (APEI). Fue guionista y presentadora de varios programas en TVE-Asturias y el canal Internacional de TVE.

Si queréis conocer su obra, pinchad en su página web: https://pilarsanchezvicente.es/

Mi opinión:

Corre el año 1820 y Andrea Carbayo de Jovellanos escribirá sus memorias, que quedarán en el olvido durante muchísimos años.

En ese manuscrito, empieza por contarnos sus orígenes, la historia de su abuela Carola y su madre, Gloria. En esas primeras páginas, la lectura ya me había atrapado.

Las Carbayo, son mujeres, tienen una mente brillante, una cabellera roja y mala suerte, porque la época en la que les ha tocado vivir a cada una de ellas es muy peligrosa por culpa de la Inquisición, — deseosos de incriminar inocentes para hacer autos de fe y seguir teniendo a nobles y villanos bajo el mandato de la iglesia, aunque el único modo de conseguirlo sea el miedo—, la intransigencia, la envidia y el miedo a lo desconocido.

Los comienzos de la novela se desarrollan en Gixón y Obiedo, narrándonos los acontecimientos de la época, las costumbres de señores y criados, la forma de vida de unos y otros.

Con una Andrea adolescente nos trasladaremos a París y, tras una breve pero intensa estancia en Oxford, la veremos madurar como mujer y poner en práctica sus ideas. Unas ideas que siempre ha tenido muy claras, como ya las tuvieran sus antepasadas, a las que nunca les gustó tener que depender de ningún hombre.

De París volverá a su Asturias natal, lugar en el que escribirá sus memorias.

Pero lo magnífico de esta novela es que nos cuenta la historia real de lo ocurrido entre finales del siglo XVIII y principios del XIX, tejiéndola perfectamente con la historia de Andrea y su familia, sin que podamos distinguir los personajes reales de los ficticios por lo bien construidos que están estos últimos. Y no es poca la historia que cuenta: Tribunales de la Inquisición, Revolución Francesa y Guerra de la Independencia como grandes titulares, pero no por menos importantes, la incipiente lucha de las mujeres por tener derecho al voto, a la educación, al ejercicio de profesiones reservadas solo a los hombres, el nacimiento de la Medicina moderna…

Los diálogos, escasos, ya que estamos leyendo unas memorias, merecen mención aparte. Grupos de librepensadores defendiendo la libertad, los derechos de las mujeres, la enseñanza como principio para conseguir esa libertad, el yugo de la iglesia, la presión de la familia con los mayorazgos y un largo etcétera de temas que no pueden dejar indiferente al lector porque, tristemente, algunos de ellos siguen sin resolverse y siguen existiendo casi en su totalidad en otros países no tan lejanos. También magníficos los diálogos entre Jovellanos y Andrea.

Amor, amistad, envidia, odio, venganza, todo cabe en estas páginas en las que no sobra nada de lo que cuenta.

Pilar Sánchez Vicente ha escrito una novela a la que no se le puede poner ni una pega, tanto si eres amante, o no, de la novela histórica, merece la pena zambullirse en esta historia.


Almudena Gutiérrez


Nuestro agradecimiento a Silvia Fernández de Roca Editorial, por hacernos llegar un ejemplar.

 

viernes, 15 de octubre de 2021

«La última paloma» de Men Marías

 


Sólo quien conoce el dolor puede enfrentarse a un crimen tan macabro

Frente a la base naval de Rota, tras el cordón policial que acordona la brutal escena, un grupo de vecinos clama que se haga justicia: el cuerpo de la joven Diana Buffet yace salvajemente mutilado y con unas enormes alas cosidas a su espalda.

Ni las cámaras ni el helicóptero de vigilancia de la base han captado una sola imagen que pueda servir a la investigación; algo incomprensible.

La sargento Patria Santiago sabe que el asesino va a volver a matar, pero nadie la cree, ni siquiera el cabo Sacha Santos -a quien le gustaría ser algo más que su compañero-, porque al igual que piensa el resto de Rota, Patria ha convivido con el dolor demasiado tiempo como para ser de fiar.

Una sola pista, la investigación que Diana estaba haciendo sobre la base, y su relación con la desaparición de una joven hace sesenta años, cuando los americanos llegaron a Rota, parecen ser los únicos hilos de los que tirar.

Mi opinión:

Narración coral en primera persona, narrada por cada uno de los protagonistas, su perspectiva de las cosas que van sucediendo o han sucedido, con dos líneas temporales, que se van entrelazando.

Es precisamente el viaje al pasado, el que me ha parecido más interesante. El establecimiento de la base americana en Rota, un pueblo andaluz que se convirtió, de la noche a la mañana, en un pedacito de Estados Unidos en la España gris de la dictadura.

Lo que ocurre en la base, con toda clase de excesos, se cubre, no debe salir de allí, convirtiéndose en secretos que han llegado hasta nuestros días.

Y ahí es donde me parece que falla la trama, porque los secretos se mantienen hasta que sucede algo tan cercano, que nos afecta tanto, que nos impide seguir callando, y aquí, ese detonante tan humano como es la protección de nuestra propia familia, se pasa por alto.

En cuanto a la forma de narrar, no me ha gustado, no me ha permitido entrar en la trama con soltura, frases cortas, palabras solitarias… no puedo decir que sea mala, pero a mí no me ha convencido.

Patria, la protagonista, me ha llegado a poner tan nerviosa que hubo momentos en los que me «obligó» a abandonar la lectura. No he sentido ninguna empatía hacia ella ni hacia sus obsesiones. Un personaje muy complejo, que yo no me he creído.

Me ha gustado el personaje de Candela, la abuela de Patria, una mujer luchadora que ahora está en brazos del Alzheimer con importantes lagunas en su memoria.

Una historia dura y cruda, llena de secretos, con un ritmo rápido y un final demasiado sencillo para la complejidad de la trama.

La autora:


Granada, España, 1989

Men Marías (Granada, 1989) se licenció en Derecho y ejerció la abogacía desde los veintitrés años, especializándose en el sector mercantil. Debutó como escritora con la obra Pukata, pescados y mariscos, que fue galardonada con el Premio de Novela Carmen Martín Gaite 2017 y un accésit en el Premio Torrente Ballester 2017. En el género del cuento, ostenta un total de 28 menciones de ganadora y finalista en diferentes certámenes literarios españoles e internacionales. Además, es tutora de técnica literaria, novela negra y poesía en su ciudad.


Almudena Gutiérrez


miércoles, 6 de octubre de 2021

RECORDANDO A ISABEL MARTÍNEZ BARQUERO

Hoy es el cumpleaños de Isabel, amiga de esta revista, que nos dejó de manera inesperada el pasado mes de febrero,  y no queremos terminar este día tan señalado sin recordarla con un relato suyo incluido en  Mujeres de otoño: La señorita Clara.

Te echamos de menos, Isabel. Besos y abrazos «chillaos» al cielo.


LA SEÑORITA CLARA

La señorita Clara corta con un hondo suspiro las lágrimas que le han enrojecido los ojos y le han dejado levantada la piel de las mejillas. Lleva tres horas con un llanto incesante, tres horas entregada al desconsuelo causado por la falta de unos de los seres más bellos que ha conocido en su vida, tres horas de desesperación, tres horas de tragedia sin lenitivos, tres horas de congoja para que su mente se haga a la noticia, a la triste noticia del fallecimiento de unos de los cantantes más dulces del mundo de la música.

Recoge con ademanes cansados los libros que han quedado esparcidos sobre la mesa antes de recibir la comunicación de la muerte de Claude, los coloca en los lugares correspondientes de las estanterías y, como una viuda que se prepara para velar el cadáver del esposo difunto, se dispone para escuchar las canciones de Claude, su viejo amor, el que treinta años atrás la cautivó durante tres infinitas noches de sexo y cuatro días magníficos de complicidades y paseos románticos por las calles de la ciudad que nunca volvió a ser la misma tras su partida.

Todo comienza de nuevo en su recuerdo, el lugar intangible que le permite guarecerse en las vivencias de la historia que la reconfortan. Revive su antiguo amor con Claude al compás que la voz melosa de él se esparce por la estancia en penumbra. Mientras domina algunas lágrimas rebeldes y evita que se desborden en una catarata que la suma otra vez en una aflicción inútil, se ve en aquellos tiempos pasados, cuando ella era aún joven y brava, cuando se enamoró de Claude hasta el tuétano.

Se observa a sí misma con claridad. Se ha llevado un gran disgusto. Su novio de entonces, Martín, la ha burlado una vez más: se ha ido de viaje sin anunciárselo. Cuando se entera por teléfono de su marcha imprevista, le pregunta en qué hotel se halla, por el simple gusto de saberlo, le dice, aunque sus intenciones son más arteras. Con los datos obtenidos del confiado Martín, se pone en contacto inmediato con un detective privado de la ciudad donde se halla el joven que empieza a cansarla con sus devaneos continuos y con sus misterios de baja estofa. Está harta de la propensión al engaño del muchacho hermoso con el que ha establecido relaciones. Quiere que el detective siga a Martín y consiga pruebas, las justificaciones obvias de su conducta disoluta, las evidencias inapelables para que su alma de mujer sensible quede satisfecha y jamás pueda suponer que fue movida por el capricho y no por la realidad contrastada.


El detective se pone en funcionamiento. Al cabo de pocas horas, le cuenta las andanzas pretendidamente laborales de Martín, esas que ella sospecha como toscas correrías de entrepierna. Porque las intuiciones de la señorita Clara son ciertas según se desprende de los informes que el investigador privado le suministra: el sujeto vigilado apenas ha salido del hotel unos minutos durante su estancia, los necesarios para aprovisionarse de alcohol en cantidades ingentes. El sabueso lo ha seguido hasta la misma puerta de la habitación y se ha quedado por el pasillo, a la espera de alguna visita o de algún otro indicio que le dilucide con quien piensa compartir el mozalbete el arsenal de botellas subidas. No ha tenido que esperar mucho rato el detective, pues en quince minutos llama a la puerta de la habitación de Martín una hermosa joven de cabellos rubios y piernas tan largas que da vértigo recorrerlas con los ojos. Al investigador no le queda duda alguna sobre la naturaleza de las relaciones del investigado con la rubia cuando escucha los arrullos amorosos mezclados con las melodías del hilo musical. Sonríe satisfecho y se larga del hotel con la sensación del deber cumplido. Un lío de faldas, como tantos otros para los que se requieren sus servicios.

Cuando el detective ha informado a la señorita Clara por teléfono de las acuciantes ocupaciones profesionales de su novio Martín, aquella demuestra su exquisita cuna sin inmutarse lo más mínimo, sin que un quiebro de su voz delate el vendaval celoso que se ha levantado en su fuero interno. Martín ha traspasado con creces la línea de cualquier comportamiento permitido. Tras varias escapadas del mismo estilo en los últimos meses, la señorita Clara no está por la labor de seguir entreteniendo amores con un rufián de calenturas infieles y palabras engañosas, así que resuelve romper con él en ese mismo momento, al margen de la aquiescencia del implicado.

Contenta con su decisión y apaciguada en su dignidad ofendida, la señorita Clara no se explica cómo su cuerpo sigue comportándose como si estuviera metido en medio de una jaula poblada de alacranes. Dispuesto el corte con el infiel Martín, es para que la tranquilidad de ánimo hubiera regresado a su espíritu, pero no hay manera de conseguirla, no obstante, las muy buenas palabras que se dice a sí misma y las recomendaciones de diversión con las que se hostiga, como si el jolgorio fuera la varita mágica que le va a disipar todas las penas producidas por el traidor. No cesan sus agitaciones caóticas, sus hipidos nerviosos, sus furias desatadas. Continúa un buen rato como si estuviera siendo filmada por una mala cámara que acelerara hasta el histrionismo todos y cada uno de sus movimientos. Como una muñeca antigua y trágica, se ve a sí misma en blanco y negro, ridícula e inquieta hasta la extenuación, presa en una película insufrible.

Harta de no hallar quietud en ninguno de los entretenimientos espirituales que suelen acaparar su atención, decide acicalarse a conciencia. Saldrá de caza. Sí, se tirará a la calle para echarse en los brazos de cualquier muchacho que encuentre en su camino. Solo de este modo considerará que Martín y ella están empatados. Porque el torbellino colérico que se ha desatado en su interior por haber sido burlada no la deja tranquila un segundo. Es como si unos dientes se le clavaran con saña, como si un cuchillo se complaciera en hurgarle por los rincones más recónditos de su ser. Tiene bien claro que su alma le exige sangre, venganza, una máxima traición que la ponga a la misma altura de Martín. No podrá descansar hasta que le pague al ingrato con la misma moneda.

Con una coquetería calmosa que hace tiempo que no la visita, se da un baño, se embadurna de hidratante corporal, se viste, se maquilla y se perfuma como si fuera a visitarla un marajá de la India. Se mira en el espejo satisfecha del resultado obtenido. La hora y media que ha invertido en componer la imagen deseada ha merecido la pena: la luna le devuelve a una mujer joven absolutamente irresistible. De blanco vaporoso, con las oportunas transparencias y ceñidos donde conviene, su bronceado playero destaca con sensualidad, lo mismo que su pelo oscuro y brillante. Sus ojos despiden chispas de seducción y su boca jugosa, realzada por el carmín rosáceo, hace la mueca de darse a sí misma un beso. Por muy maricones o flojos que sean los hombres de su ambiente artístico, alguno habrá que no se resista a sus encantos realzados.






80 Feria de Libro de Madrid: homenaje al lector

 



La Feria del Libro de Madrid, también llamada #laferiadelreencuentro, cerró sus puertas el domingo 26 de septiembre, con la mirada puesta en el año próximo esperando que pueda volver a las fechas de siempre, a caballo entre mayo y junio.

Los resultados, en cifras, no son demasiado alentadores, los 384.000 visitantes de esta edición, frente a los casi dos millones que tuvo en 2019. Las ventas no se han resentido tanto, tan solo un 10% menos, pero para los fieles, los lectores de siempre, ha sido una feria rara, con unas filas interminables para entrar al recinto durante los tres fines de semana.

Los editores y grandes librerías, han querido asegurarse el éxito con las firmas de sus autores más renombrados, aunque eso haya supuesto el caos en las casetas que se hacían invisibles con las largas filas. Todos pensamos que la falta de organización que se vivió el primer fin de semana, iba a resolverse para los dos posteriores, pero no fue así. Hacer la visita con niños, imposible.

Datos aparte, queremos hacer un homenaje al lector, el que más ha sufrido en esta feria, ese que no sale en las estadísticas, aunque se tenga que haber ido a su casa sin poder acceder al recinto, en algunos casos, habiendo venido de fuera de Madrid. 

Lorena Sánchez Rodríguez, buenísima fotógrafa, amiga de nuestra publicación y gran lectora, ha acudido varios días a la Feria con la intención de traerse firmados los ejemplares de sus libros, y lo ha conseguido. Además, ha tenido el detalle de regalar a los autores marcapáginas con algunas de sus fotos más emblemáticas, algo que no se esperaban y que han agradecido enormemente.

A continuación os dejo la galería fotográfica que, amablemente, nos ha cedido.

Vanesa Monfort


Sonsoles Ónega

Mayte Esteban

Benito Olmo

Eduardo Valero

Sara Mañero

Víctor del Árbol

Elvira Lindo

María Montesinos

Rosa Montero

Fernando Aramburu

Mario Escobar

Julia Navarro

Javier Moro

Marina Collazo Casal y Almudena Gutiérrez, también visitaron la Feria, aunque su aportación fotográfica es mucho más humilde.

Paloma del Río

Alejandro Palomas

Santiago Díaz



Andrés Trapiello

María Oruña

Santiago Posteguillo

Carme Chaparro

Carmela Trujillo

Os recordamos que en el numero 43 de la revista Pasar Página, podéis leer la amplia entrevista que le hicimos a Andrea Reyes, autora del cartel anunciador de esta edición.