lunes, 28 de diciembre de 2020

Noche de Reyes Magos

 

Este último lunes del año os traemos un relato que se publicó en el periódico La Aldaba (http://laaldaba.es/noche-de-reyes-magos/).

Lo firma Rosa Sánchez de la Vega, colaboradora habitual de esta revista y que, en el próximo número que llegará a vosotros, el día 1 de enero, pasa a formar parte del equipo de redacción.

Aprovechamos para haceros llegar nuestros mejores deseos para los Reyes Magos y para este año al que todos vemos llegar cargado de esperanza.

Noche de Reyes Magos

Miguel permanecía inmóvil bajo las sábanas, no se atrevía ni a respirar, no quería que ningún ruido llamase la atención de los Reyes Magos y que por temor a ser descubiertos, se marchasen sin dejarle un solo regalo de los que había pedido en su larga lista. Con los oídos atentos a cualquier sonido que anunciase su llegada y tapado hasta casi los ojos, que abiertos de par en par recorrían sin descanso todos los rincones de la habitación una y otra vez. Sólo se detenían unos segundos en la ventana y después en la puerta; tenía la seguridad de que en cualquier momento aparecerían. Entonces los cerraría fuertemente y contendría del todo la respiración hasta que se hubieran marchado.

Temblaba nervioso mientas repasaba mentalmente cada juguete, estaba seguro que se había portado muy bien, especialmente los últimos días, esos tan cercanos en los que había obedecido a su madre en la tareas de la casa y hecho los deberes sin protestar. Sonreía bajo las sábanas henchido de felicidad pensando que este año iba a recibirlos todos; sin embargo, intentaba con todas sus fuerzas olvidar lo que había ocurrido esa misma tarde, no quería que ni un solo pensamiento pudiera ser leído por aquellos Magos de Oriente y dejase entonces de ser un niño bueno.

El cansancio hizo que por fin sus ojos se cerrasen y se durmiera. Su sueño sin embargo no fue tranquilo ni sosegado.

«Corría con sus amigos del colegio, feliz detrás de la pelota, cuando una de las patadas de Jaime fue a dar casi a su cabeza, instintivamente se agachó y fue a perderse detrás de un viejo muro. Los amigos de Miguel le gritaban para que fuera a rescatar el balón, pero aquella pared estaba demasiado alta, llena de maleza y no pensaba adentrarse a por él.

— ¡Venga Miguel, no seas gallina!

— ¡Ha sido culpa tuya, enano! ¡Trae de una vez la pelota!

Avergonzado, trepó para saltar el muro, arañándose las rodillas.

Las voces de sus amigos le seguían insultando. Éste tenía la pelota bajo el brazo, y los ojos clavados en los de un pobre animal huesudo y frágil, que le miraba tembloroso tanto o más que él.

Los chicos hartos de esperar también la habían saltado, y pensaban que Miguel se había largado. Pero ahora tenían otra distracción, tiraban piedras y gritaban a un indefenso cachorro. Quiso demostrar que él también era un valiente e hizo lo mismo que la pandilla. La diversión se acabó cuando el pobre perro pudo refugiarse tras una vieja puerta».

Un sudor frío empapa el pijama, el corazón late veloz al compás de la respiración, se despierta agitado y jadeante; mientras, todo está en calma, no escucha un solo ruido, mira hacia la puerta que sigue cerrada y después a la ventana, ha amanecido.

Se levanta y camina de puntillas, baja descalzo las escaleras y mira emocionado todos los regalos envueltos, sonríe lleno de felicidad.

— ¡Mamá, papá, mirar cuántos regalos!

— ¡Hijo, qué alegría!

Algo distrae la atención de Miguel y mira por la ventana: fuera ha empezado a nevar. Diminutos copos caen lentamente sobre el suelo, la alegría se torna en tristeza… recuerda aquellos ojos tristes y aquel cuerpo tembloroso que le miraban. Permanece asomado a la ventana sin moverse.

—Pero hijo, vamos a abrir los regalos.

Se vuelve y los mira un solo instante como si quisiera quedarse con esa imagen de paquetes sin abrir, sube corriendo a su habitación, se calza rápidamente las botas y coge el abrigo. Mientras sus padres no entienden qué hace y le llaman extrañados.

— Mamá, tengo que salir.

— ¿Pero a dónde vas?, está nevando. Tienes que abrir los regalos.

—No puedo, tengo que ir a un sitio. Contesta al tiempo que cierra la puerta.


Miguel ha corrido hasta quedarse sin aliento, pide en su interior que el perro siga allí; salta el muro sin miedo ya a arañarse ni herirse, quiere llamarle pero no sabe su nombre, intenta silbar, pero el frío parece haber congelado sus labios. Toca las palmas, grita y lo busca desesperado.

Se sienta en el suelo, casi se rinde. Cree haber visto un movimiento tras la vieja puerta. Se levanta rápidamente y la abre.

La pequeña distancia que los separa parece infranqueable, ambos se miran, los dos inmóviles, asustados, indefensos y vulnerables. Él quiere leer en los ojos del cachorro cuáles son sus intenciones, piensa si va atacarle enfadado, si dará un salto y le morderá. El miedo le paraliza. No se ha dado cuenta de cómo le mira el pobre animal; con el rabo entre las patas está más asustado que él.

Alarga el brazo al tiempo que da un solo paso, el cachorro se acerca con miedo, hay un momento eterno en el que aproxima despacio su mano para acariciarle, un lametazo es la respuesta cariñosa de quien no guarda ningún rencor.

— ¡Vámonos a casa, pequeño!

De vuelta sus padres siguen sin entender nada. La madre mira con desagrado y recelo al cachorro.

— ¡Saca este animal de casa y abre de una vez los paquetes!

Miguel sin soltar al perrillo, aparta los juguetes y se sienta cerca de la chimenea.

—Esto es lo único que quiero.

—Pero Miguel, este animal está lleno de pulgas y muerto de hambre.

—Mamá no voy a dejarlo en la calle.

—Dile a los Reyes Magos que este es el mejor de los regalos.

Rosa Sánchez de la Vega



martes, 22 de diciembre de 2020

«Guardando las apariencias» de Carmela Trujillo

 

Guardando las apariencias recoge la historia de Cándida Pizarro, una diseñadora española que revolucionó la moda nupcial.

La vida de esta mujer emprendedora se nos va mostrando a lo largo de varias décadas y nos iremos encontrando no solo con las claves de su éxito empresarial, sino también con todos los secretos que ella fue guardando en su armario de apariencias: las muertes accidentales de sus maridos y las de aquellos hombres que la maltrataron en algún momento.

La autora

Carmela Trujillo nació en 1966 en Talayuela (Cáceres) y reside en Logroño y en Sabadell. Es licenciada en Filosofía y Ciencias de la Educación. 

Entre sus novelas más recientes se encuentran Martina (ganadora del VII Premio Internacional HQÑ de Harper Collins 2019), Desde el otro lado (Kuei Ediciones, 2019), y la biografía Chavela Vargas. Cuántas luces dejaste encendidas (Libros de Ida y Vuelta, 2019).

Dentro de la literatura infantil y juvenil, ha publicado una veintena de libros en España y en Ecuador, como Pero ¿eso qué es? (Bambú, 2020), Yo quería ser saltimbanqui (Combel, 2019), ¿Castillo? ¿Qué castillo? (Cosquillas, 2018), La niña que quería pasear perros (pequeños) (Algar, 2017), Cuando las vacas toman el té de las 5 (San Pablo, 2011), Esto no puede seguir así (Premio de Narrativa Infantil Vila d’Ibi 2006. Anaya, 2007), etc.

Mi opinión:

Una novela corta, que cuenta la historia de Cándida Pizarro, con una forma de narrar muy particular.

Intercala la segunda persona, contándole a la protagonista lo que está sucediendo: «Tu madrina, Consolación, llora sentada a la mesa camilla, al calor del brasero, y se toma una tila», con las narración en modo imperativo, en el que la segunda persona ordena a Cándida lo que tiene que hacer que es, en realidad, lo que le va a ocurrir: «Métete en Galerías Preciados y compra el nuevo LP de Camilo Sesto, Amaneciendo».

Veinticuatro capítulos que llevan por título el año o la década en la que se desarrollan, más un prólogo, que es en realidad una noticia de prensa, y un epílogo titulado En tu ausencia, nos sumergen en una lectura rápida, casi atropellada, por el afán de saber, de conocer lo que le ha ido ocurriendo a Cándida, que debería haberse llamado Ágata.

En poco más de cien páginas, pasa por nosotros toda una vida mostrándonos, al mismo tiempo, la historia de España desde 1943 hasta la actualidad, porque la historia continua después de la muerte de Cándida Pizarro, sin ella.

Una vida diferente que, por sí sola, resulta buena, pero lo que convierte esta novela en muy buena, es la forma en la que está narrada.

Una lectura que me ha impresionado.

Almudena Gutiérrez


lunes, 21 de diciembre de 2020

Tierra firme

 

«Tengo un faro, pero no hay caminos. Los dibujé en la arena y el mar enfurecido los engulló.

Construí una barca con maderas viejas. Y con sus olas contra las rocas la golpeó.

Lo miré a los ojos y por su enfado le pregunté. Y me contestó que eran celos, que moriría si no estaba a mi lado, besando mis pies.

Insistió en que me quería. En que nadie me amaría nunca más que él.

Y yo le dije que se equivocaba al arrebatarme la libertad.

Que mi amor ahogaría si me mantenía presa. Que no lo volvería a mirar jamás.

Él dudó por un instante, sin comprender. Luego montó en cólera y se embraveció ante mí, salpicándome con una sentencia de sal:

«Antes muerta que dejarte marchar».

Entonces recordé que mi madre me había enseñado a nadar y que aún conservaba un faro para hacerme ver. Sin dudarlo un instante lo levanté y lo agité, aguantando valiente su marejada. Unos pescadores corrieron a socorrerme. Me agarraron de la mano y prometieron no soltarme, pasara lo que pasara. Y yo abandoné aquella isla improvisada que mi mar salvaje me construyó.

Quise pisar tierra firme.

Y con tiempo y entereza, restaurarme el corazón». 

Pilar Muñoz 

Microrrelatos de mujer



lunes, 14 de diciembre de 2020

Entrevista a Javier Correa


En 2019, Javier Correa, después de abandonar su trayectoria laboral como directivo de una gran empresa, iniciaba su carrera literaria con Sombras de niebla, una novela que se va a convertir en trilogía y de la que este mes de diciembre se publica la segunda parte bajo el título de Lazos de luz. En Pasar página hemos querido saber de primera mano qué nos vamos a encontrar en esta entrega. Nada mejor que contactar con el propio autor para ello, y es lo que hemos hecho. 


MC. Bienvenido de nuevo a Pasar página, Javier. Gracias por atendernos de nuevo, esta vez para adelantarnos detalles de tu nueva novela. ¿Qué temas vamos a encontrarnos en ella?   
                                                        
JC. Vais a encontraros una mujer joven, inteligente y segura de sí misma, que tras deambular unos años sin tener claro a qué dedicar su vida, finalmente encuentra un proyecto capaz de darle sentido a sus días. Pero yendo algo más allá, vais a encontrar lo que, a la vez para mí, tiene sentido cuando escribo: compartir reflexiones con el lector. En esta historia, la reflexión girará en torno a la libertad de elección. ¿Verdaderamente son un acto de libertad las decisiones más importantes que tomamos en nuestra vida?

MC. ¿Qué protagonistas tenemos en esta entrega que ya estaban en Sombras de niebla? ¿Y alguno nuevo?

JC. La protagonista principal es Laura, la pequeña que fue abandonada por su padre en Sombras de niebla. Y junto a ella, tres mujeres de carácter y fuertes convicciones: Talía, una mujer jubilada que arrastra vivencias imborrables, Ester, una joven abogada capaz de poner su carrera en juego en pro de la causa, y Elvira, una psicóloga con la emoción a flor de piel, que irá evolucionando a lo largo de la historia (lo que los escritores llamamos un personaje redondo).

MC. De las localizaciones, nos habías adelantado que Zaire no aparecería ya, pero ¿permanecen Lille y San Silvestre de Guzmán? ¿Incorporas algún otro lugar?

JC. Sí, continua el pueblo onubense de San Silvestre de Guzmán, porque en él se da el epicentro de la trama (y de la trilogía, si me permites que te avance), y en esta ocasión también serán importantes Madrid y los municipios gerundenses de Santa Coloma de Farners y Caldes de Malavella.

MC. ¿Qué es lo que más nos va a sorprender en Lazos de luz?

JC. El incontrolable destino. Ese amo de nuestras vidas que acostumbra a permanecer oculto dándonos a entender que poseemos el timón que marca el rumbo de nuestra vida. 

MC. ¿Descubriremos alguna otra faceta «oculta» de Carlos, el protagonista de la historia que desarrollas en Sombras de niebla?

JC. Carlos, como personaje en primera persona, aparece poco en Sombras de niebla, y también en Lazos de luz, pero su sombra, su constante recuerdo, impregna cada decisión de las personas que han vivido con él. Esa influencia es en realidad la que hila todo lo que va aconteciendo a lo largo de las páginas.

MC. ¿Has escrito lo que tenías pensado desde el principio, cuando decidiste hacer la trilogía, o ha cambiado «el guion» a medida que ibas promocionando Sombras de niebla?

JC. Las historias tienen vida propia. Los que escribimos lo sabemos, y aunque a veces intentamos encorsetarlas en la trama que hemos decidido, en ciertas ocasiones es mejor dejarse llevar por la historia que eligen los propios personajes. Sombras de niebla, cumplió el guion, me atrevo a decir que al cien por cien, de la trama y el objetivo que tuve al crearla. Lazos de luz, ha sido algo más anárquica. De hecho, al acabar de escribir Sombras de niebla, me di cuenta de que había quedado embastada la vida de algunos personajes que podía ser interesante desarrollar más adelante: como la vida de Elena, la del Cubano, la de Pablo (del que más de una lectora me ha pedido conocerlo en persona) y la de la propia Laura, que fue la que acabó convenciéndome para ser la protagonista de Lazos de luz. A partir de ahí puse la pluma a disposición de lo que me iba susurrando al oído, y he de decir que he disfrutado narrando el pensamiento y las obras de una mujer con una personalidad de acero.

MC. ¿Cómo está afectando la crisis sanitaria que estamos viviendo a tu carrera literaria, iniciada con Sombras de niebla?

JM. Me alegra responder a esta pregunta, Marina, porque si bien de entrada tuve que cancelar alguna presentación (sin ir más lejos, la que tenía programada contigo en el club de lectura), rápidamente me di cuenta de que no era nada importante, en comparación con lo que estaban, y desgraciadamente, están, y estamos sufriendo, muchas familias. La salud lo es todo, y debería estar siempre presente en nuestro día a día. Y la economía también lo es por el necesario sustento y el consecuente equilibrio emocional que nos aporta. Imagino que no es fácil tomar decisiones que primen una sin perjudicar demasiado la otra. Como escritor, el momento es interesante porque la emoción está a flor de piel en cualquier rincón del planeta, y la literatura es sentimiento y emoción, principalmente. Tengo una historia emotiva pensada que me ronda, y que algún día llevaré a un papel en blanco, pero ahora no es el momento. Ahora necesitamos convencernos a diario de que como sociedad debemos hacer todo lo posible para superar este momento haciendo lo imposible para que se lleve el menor número de víctimas posibles. Y una sola, ya es demasiado, porque detrás de cada cifra hay un nombre y unos apellidos, y una familia, y unas amistades que la van a echar mucho de menos. 

MC. Como escritor, ¿has tenido que cambiar muchos planes por culpa del Covid? ¿Alguno ha resultado más productivo de lo que parecía a priori?

JC. Productivo a nivel literario, no, al contrario. Pero reitero lo que comentaba: al final por encima de la literatura, y de tantas otras cosas, está la salud física y mental de las personas. Sí es cierto que vivir algo así te hace estar más sensible de lo normal, y que la sensibilidad es tinta de calidad para cualquier pluma, así que, para ser optimista, algo bueno podré sacar de este inesperado suceso. Pero intentaré rentabilizarlo cuando podamos hablar de él en pasado. No es momento de hacer leña del árbol caído. 

MC. ¿Algo más que desees añadir, Javier?

JC. Si me permites, Marina, desearía añadir que Lazos de luz está dedicada a todas las personas que, muchas veces en la sombra, en silencio, y en el más absoluto anonimato, hacen un excelente trabajo diario para erradicar la violencia de género de nuestra sociedad. Y tristemente, las cifras horribles que aparecen año tras año ennegrecen toda esa entrega, a veces del todo desinteresada, sin preguntarnos qué cifra de víctimas tendríamos sin ellos. Debemos avanzar como sociedad, y no solo a nivel tecnológico dejándonos ensimismar por la cara dulce de la inteligencia artificial (de la amarga hablo a menudo en los «Pienso que…» de mi web), sino avanzar a nivel humano, como sociedad desarrollada, impidiendo que el virus de la violencia de género siga presente entre nosotros. Y para este virus ya disponemos de las vacunas de la educación, del valor de ejemplo y, sobre todo, la del compromiso para ayudar a erradicarlo, de cada uno de nosotros.

Mis mejores deseos de salud y ánimo a todos tus lectores.

MC. Gracias, Javier. Estaremos atentos a la publicación de Lazos de luz. Desde ya, te deseamos mucho éxito.

Marina Collazo Casal

Esta entrevista se publicó en el número 35 (Diciembre 2020) de la Revista Pasar Página

«Quizá mañana»


Que mal sienta este frío
a los romances corazón,
tal vez no valga la pena
los cubiertos en la mesa
ni unas velas encendidas.

Cuando sobran objetos
y veinte peces de colores
será que nos echa 
en falta el amor.

No más despedidas,
ni inviernos sin flores...

Quizá mañana den sol.
© CarlosMaked