jueves, 31 de enero de 2019
sábado, 26 de enero de 2019
La retirada de un caballero
Hoy se ha retirado un caballero del deporte español
y lo ha hecho de la mejor manera: colgándose el oro europeo por séptima vez
consecutiva, algo que no se conseguía desde la década de los treinta del pasado
siglo.
Desde que comenzó, su sonrisa ante las adversidades,
las faltas de apoyo fuera de su entorno familiar, tenerse que ir al otro lado
del Atlántico con menos de dieciocho años, y sus éxitos deportivos, han
conseguido que se ganase el respeto y la admiración de los que seguimos
habitualmente el patinaje artístico y nunca soñamos con ver a un español en
el podio, y de los que le han conocido ahora, a pesar de no interesarse por
este deporte.
En los doce años transcurridos desde su debut en un
europeo en Varsovia en 2007, nos ha dado tantas alegrías que va a dejar un
vacío importante pero, gracias a él, un deporte minoritario ha visto crecer el
30% sus licencias, y no aumentan más por falta de lugares para practicar
patinaje, algo que tal vez se pueda ir subsanando.
Con una gran sencillez, ha vuelto a su país para
presentarnos, en dos ocasiones, un espectáculo en el que su pasión por el hielo
pudiese llegar a toda clase de público, volcándose en la promoción de Revolution
On Ice.
Sus proyectos futuros seguro que irán ligados al mundo del
patinaje y a enseñar todo aquello que él ha aprendido. Ha abierto un camino
para que los que vienen detrás de él lo tengan más fácil en un país sin ninguna
tradición en este deporte que, a día de hoy, sigue sin abrir las noticias de
los informativos aunque su hazaña pase a la historia.
Hace unos días tuve el privilegio de entrevistar a
Paloma del Río que hoy ha sido la comentarista, la voz del patinaje,
en la despedida de Javier.
Sus emocionadas palabras, después de presenciar su
ejercicio, son una prueba de lo que ha significado este patinador:
«Bravo, bravo, Javier. Bravo. ¡Enhorabuena!.
Gracias por todo lo que has hecho por el
patinaje. Es emocionante.
Este es el último ejercicio de Javier en
su carrera profesional y es muy emocionante.
La de niños y niñas que le habrán visto,
lo que nos ha hecho disfrutar.
Sea la clasificación que sea, a sus pies
señor Fernández».
Y ya con la medalla de oro al cuello y
antes de que comience a sonar el himno de España, Paloma del Río se despide diciendo: «Ha sido un honor poder narrar todos los
éxitos de este patinador»
Un deportista querido que hoy se ha convertido en otro «Quijote»
que pasará a la historia con su Hombre de la Mancha y sus 271,59 puntos.
miércoles, 23 de enero de 2019
El caso de las japonesas muertas de Antonio Mercero
Sinopsis
Recién reincorporada a la Brigada tras
la cirugía de reasignación de sexo, Sofía Luna se ve obligada a investigar un
misterioso caso. ¿Quién es este asesino que escoge a sus víctimas, todas
japonesas, en el centro turístico de Madrid? Todo parece apuntar hacia el
peculiar mundo de los viajes turísticos organizados y el más peculiar aún de
personas asexuales, un grupo que rechaza la hipersexualidad de la vida moderna
y tiene como animal favorito la estrella de mar.
Luna y su equipo, al que se suma una
traductora de japonés que busca algo más que colaborar, tendrán que trabajar
bajo una fuerte presión mediática, sobre todo cuando desaparece la hija del
embajador de Japón. A este caso, que parece irresoluble, se suma otro que
golpea a la inspectora en lo más íntimo: su padre, con el que no se habla desde
hace años, ha matado a un hombre, supuestamente en legítima defensa. Y la
investigación empieza a revelar detalles insospechados.
El autor
Periodista, guionista y escritor, Antonio Mercero ha trabajado para
varias series de televisión, labor que combina con su pasión por el cine y la
narrativa. En 2012 publicó su primera novela, La cuarta muerte, a la que siguió La vida desatenta, posteriormente ha publicado las dos primeras
entregas de la serie de Sofía Luna, El
final del hombre y El caso de las
japonesas muertas.
Mi opinión
No quiero extenderme mucho porque en una
novela policiaca, cuanto menos se cuenta, mejor.
Los que hayan leído El final del hombre, yo no lo he hecho, ya conocerían al inspector
Carlos Luna que en esta nueva entrega se ha convertido en Sofía Luna, tras una
operación de cambio de sexo y un año alejada del servicio.
La investigación policiaca está muy bien
llevada, nos va introduciendo las pruebas justas para que el lector vaya
haciendo sus conjeturas. En mi caso, el pasearse por mi barrio, el centro de
Madrid, tiene un valor añadido ya que camino con los policías y los turistas
japoneses con pleno conocimiento de por dónde voy en cada momento.
Pero el autor no se queda en una novela
policiaca como tantas, nos plantea unas tramas paralelas con muchísimo peso: El
ya mencionado cambio de sexo de la protagonista, su trato con los compañeros,
con su ex amante, con su ex mujer, con su hijo y la propia aceptación de ella
misma, contándonos por lo que ha pasado hasta llegar al momento actual y sus
dudas existenciales.
La difícil relación entre padres e hijos
es otro de los temas que trata, desde diferentes vértices: el padre de Sofía,
con el que no tiene relación desde hace años y que se reencontrarán en una sub-trama
muy bien llevada, la difícil relación de la hija del embajador de Japón en
Madrid, la del padre con cáncer terminal del inspector Estévez o la propia
inspectora Luna con su hijo.
Otro tema muy interesante, y que yo
desconocía, es el mundo de las personas asexuales, que me ha hecho bucear un
poco en este tema muy interesante y del que tan poco se habla. El autor lo
trata con muchísima elegancia.
El final, tan difícil, está muy bien
resuelto, me ha gustado mucho.
Es, en resumen, una buena novela que
invita a seguir leyendo a este autor.
![]() |
Almudena Gutiérrez |
martes, 15 de enero de 2019
El último romántico de Carolina Molina.
Sinopsis:

La autora:

Si queréis
conocerla un poco mejor, podéis visitar su blog carolinamolina.blogspot.com/
Mi opinión:
Este libro
cierra la trilogía que comenzó con Guardianes
de la Alhambra y continuó con Noches
en Bib-Rambla. Los tres volúmenes se pueden leer de forma independiente
pues la autora nos da suficientes pinceladas para que no nos perdamos.
El último romántico comienza en 1890 el día en el que La
Alhambra se incendia. De este desastre se culpa a Maximiliano Cid, el
protagonista.
A partir de
este triste suceso, se va desgranando la vida de este hombre tan especial, con
un honor fuera de toda duda y férreo defensor del patrimonio de Granada que,
con las nuevas ampliaciones de la ciudad, los «pelotazos» urbanísticos que ya
existían en el siglo XIX, las envidias y los políticos, están acabando con
buena parte de los monumentos históricos, tanto las casas típicas levantadas a
la orilla del río Darro, como las iglesias y palacios que desaparecieron para
la construcción de la Gran Vía.
Con este
panorama de fondo, y una creciente burguesía inculta que sabe más de toreros
que de escritores o pintores, Maximiliano, Max para los amigos, nos va contando
su historia en primera persona. Tanto lo que va ocurriendo, el día a día, como
sus recuerdos.
La autora ha
hecho una magnífica labor de documentación y ha conseguido unir los personajes
reales con los de ficción. Así se pasean en nuestra lectura Pérez Galdós, Juan
Valera, Emilia Pardo Bazán, José Zorrilla o Ángel Ganivet, entre otros, con los
inventados por la escritora, estableciendo una fluidez que nos hace dudar de
cuáles son los reales y cuáles no.
A mí me han
gustado particularmente las mujeres de esta historia. Empezando por Carmela
Cid, joven muy inteligente y audaz, Delmira, Greta e incluso Rosita, tienen un
protagonismo importante en la vida de Max, así como las que ya no están pero nos
cuentan su historia, como la madre de Max o Valeria. Mujeres todas ellas muy
bien descritas, tanto en lo físico como en el papel que desempeñan.
El lenguaje
que usan todos los personajes, muy cuidado, nos sumergen en el siglo XIX, lo
que ayuda a ir entendiendo la trama.
El capítulo
dedicado a Manuel, Lolo, el hijo de Max, es de una ternura poco habitual en una
novela histórica.
Creo que los
lectores granadinos añadirán un plus al leer esta historia, ya que caminar por
lugares conocidos ayuda mucho y yo he estado solo un par de veces en Granada y
no me sirve para imaginar los paseos de Max. A pesar de ello he aprendido
muchísimo sobre esta preciosa ciudad.
Aunque la
historia queda totalmente cerrada, el último capítulo me hace pensar que algún
personaje de esta novela pueda protagonizar una próxima.
Si os
apetece conocer a Maximiliano Cid, en el contexto histórico en el que le ha
tocado vivir, no dejéis de leer El último
romántico.
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