
Un encuentro con
el autor que ha corrido a cargo de Pilar Santamaría, que se había hecho un
estudio pormenorizado de la novela, a la que no le cabían más post-its de
colores, además de un resumen final lleno de notas para comentar con el
escritor.

No es fácil
hablar sin «destripar» nada, por lo que Víctor nos ha contado cómo fue creando
su novela. Lo primero que escribió fue el prólogo y el final y, a partir de
ahí, desarrolló personajes y comenzó la historia. Algunos, como Marga, se
rebelaron y le pidieron mayor protagonismo, más crudeza. Tuvo con ella grandes
discusiones, porque ¿no lo sabían? Víctor discute con sus personajes, y no
siempre gana la partida.
Las escenas le
asaltan en cualquier momento y las va anotando en las libretas que le hace su
amigo Juan Carlos. Por cierto, ha sorteado dos y mi número ha sido uno de los
elegidos.

La novela está
llena de guiños: su amado Atlético de Madrid, que no hizo una buena temporada
52/53, el bar en el que su suegro ha trabajado toda su vida, en la calle de
Leganitos, su admirado escritor de cabecera, Miguel Delibes, e incluso el título
como homenaje a su familia, que le llama Manuel, porque su nombre completo es
Víctor Manuel.
Aunque muchos
lectores le han preguntado por una segunda parte, él tiene clarísimo que no la
va a hacer. Esta historia se acaba con la palabra fin. Es verdad que, al
haberse documentado tanto, escribirá otras tramas en esta misma época, que
conoce tan bien.
Nos cuenta
varias primicias: está escribiendo una novela histórica con un prólogo durísimo
y una historia que no conseguiremos entender hasta la última frase. Ha hecho
una recopilación de sus relatos, ya registrados con el título «……..» y tiene en
mente una saga ambientada en la época de su «colega» Carlos V, que constará de
varios libros cortos, con un mismo protagonista. Cuando toque, volverá a la
novela de Adela, que está guardada en un cajón de la editorial, a petición
suya.
Desde sus
inicios como escritor ha tenido suficientes decepciones como para estar
disfrutando de un momento dulce con este libro que está cumpliendo las
expectativas y con una editorial como Versátil, que le trata bien. Hombre
agradecido, no ha dejado de mencionar a Víctor del Árbol y la regañina que, con
una sonrisa, le hizo la pasada edición del Getafe Negro para que «se pusiese
las pilas», se olvidase del pasado y comenzase a luchar por sus obras. Tuvo la
suerte de estar en el momento justo con las personas idóneas, y su buen hacer
como escritor hizo el resto.


Desde luego, con
su novela Se llamaba Manuel, lo ha
conseguido.
Las firmas, las
fotos y un pequeño refrigerio, han puesto final a un encuentro memorable
con Víctor Fernández Correas.
Almudena Gutiérrez
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